La batalla comenzó poco después del amanecer, con las pocas luces que se filtraban entre las nubes negras.
Era una ma?ana tormentosa, y desde que sintió los fuertes vientos, Yowo sabía que los problemas acechaban. Se colocó la cota de malla en cuanto escuchó el cuerno del capitán, y tomó su espada. Cuando subió a cubierta, su corazón desfalleció: hasta donde alcanzaba la vista podía distinguir trirremes y esquifes de velas negras, infestadas de orcos y goblins armados con arcos y cimitarras.
Por fortuna, el capitán había intuido el ataque horas antes, gracias a los informes de los magos, y había posicionado la flota en medio de unos salientes rocosos, de modo que no pudiera ser acosada por los flancos.
—?Dependemos de nosotros!—gritó para alentar a los asustados guerreros y tripulantes de su galeón.—?Vamos a ense?arles dónde se han metido!
Cuando la primera nave enemiga chocó contra la suya, Yowo recibió casi complacida a los primeros enemigos, a pesar del miedo. Llevaba varios días sin combatir y la contienda prometía ser vigorizante.
Se enfrentó al primer enemigo que la abordó, un orco verde del doble de su tama?o con un parche en el ojo izquierdo. Aunque la descomunal fuerza de la bestia la abrumó en el choque inicial de espadas, en pocos segundos comenzó a leer los movimientos del pirata como un libro. Lo asesinó con un tajo certero en el cuello. La bestia cayó sobre la cubierta con un golpe estruendoso.
Has derrotado a Khalgas, saqueador del Archipiélago Oscuro.
Puntos de experiencia: 80
Puntos para tu mazmorra núcleo: 20
Apenas alcanzó a ver la notificación, cuando Yowo tuvo que enfrentar a otro orco, y mientras combatía se fijó en el nivel de los adversarios a su alrededor.
?Son muy débiles. — pensó, después de matar al siguiente enemigo con un espadazo en el vientre, y detener los cuchillos de un goblin que la intentó sorprender. —Pero demasiados?.
Se fijó en la batalla que se había producido en cubierta tras despachar al goblin al mar con una patada.
Cerca de ella Xyrna combatía con fervor. Ver a su aliada calmó el terror de sus entra?as. Aunque el nivel de la espadachina era bajo, como el de los demás enemigos y aliados, estaba acabando con los piratas que la rodeaban con la misma facilidad que Yowo.
?Los elfos están en otro nivel. no entiendo cómo se están extinguiendo?.
No pasó mucho antes de que alrededor de Yowo se formara una pila de cadáveres de orcos y goblins con un enorme charco de sangre verde.
Los enemigos que siguieron invadiendo la nave comprendieron que era mejor evitarla y se lanzaron a combatir en los otros extremos de cubierta, con sus aliados. Pero era una labor inútil. Yowo era una depredadora humana, y llegaba con la velocidad de los felinos a los lugares donde la batalla se trababa, para decantar las cosas a favor de los defensores. Sus rápidos espadazos y la cota de malla que repelía las pocas estocadas que los enemigos le alcanzaban a propinar marcaron la diferencia.
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En pocas horas los piratas enemigos tuvieron que salir en fuga hacia su trirreme. Ridis, el fornido capitán del galeón, también demostró ser un formidable combatiente cuerpo a cuerpo. Armado con una cimitarra corta, y unas granadas mágicas que ocasionaban una descomunal cantidad de da?o en área, terminó de espantar a los pocos orcos que lograron sobrevivir a la contienda.
—?Tras ellos!—gritó con su estruendosa voz, y se lanzó a la cubierta enemiga sin detenerse a ver si sus hombres lo seguían, golpeando con sus botas de punta de acero a un arquero orco en el pecho, lo que envió a la bestia a volar hasta las aguas azules, con los tiburones. Yowo también saltó a la nave enemiga, sedienta de sangre y experiencia.
?Esto es demasiado fácil.— pensó después de aniquilar a varios enemigos. No pasó mucho antes de que capturaran el barco enemigo con todo el botín y las armas que contenía. Los pocos orcos que lograron sobrevivir a la carnicería no tuvieron más opción que lanzarse al mar para alimentar a las fieras.— Espero que el tieso de Leye esté aprovechando toda la experiencia que le estoy enviando con estos infelices?.
Con la nave asegurada, la aneita se fijó en la batalla naval a su alrededor. Por todos lados se escuchaba el retumbar del acero contra el acero y los gritos desgarradores de heridos y moribundos.
El capitán y los demás héroes regresaron al galeón principal, y en medio de la tormenta el hombretón la condujo a una de las naves aliadas acosadas por dos esquifes enemigos. El galeón impactó con la máscara de proa en forma de dragón marino contra el babor de una de las embarcaciones piratas con un impulso que casi la parte en dos. El impacto hizo caer a varios de los piratas enemigos, cuyas filas estaban compuestas además de orcos por varios guerreros aneitas, que Yowo reconoció no sólo por sus facciones trigue?as, sino por las túnicas verdes que colgaban de sus cuerpos musculosos.
Aunque el nivel de sus paisanos era superior al de los orcos, y contaban con más habilidades, seguían estando muy por debajo de la agilidad y letalidad de ella, quien aprovechando el aturdimiento de los enemigos por el impacto entre las dos naves, cayó sobre los magos enemigos por un flanco, ubicados celosamente en la retaguardia.
Con la velocidad de los tigres, los aniquiló uno por uno con rápidos tajos de su espada propinados en sus puntos vitales, como el vientre y la garganta, sin darles chance a invocar un sólo hechizo.
?Nigromantes. Gracias a los dioses que los maté de primero, sin que lograran invocar una ingente cantidad de muertos, o las cosas se habrían podido complicar?.
A lo largo y ancho de Anen abundaban magos de esa clase, que aprovechaban cualquier cadáver a su alrededor para acrecentar sus fuerzas. Eran una de las razones que habían permitido a un peque?o país al borde de la selva absorber a los reinos a su alrededor y convirtiéndose en el poderoso imperio que ahora era.
Sin los nigromantes en su camino, Yowo se desenvolvió con más tranquilidad en la contienda, atacando a los enemigos en orden creciente de nivel. Se encargó de los lanceros goblin primero, que eran los más débiles, y luego los arqueros y espadachines orcos de piel verde, mucho más débiles que sus primos de piel roja. Abordó a cada uno de sus enemigos con estocadas rápidas que no conseguían preveer, como si ellos combatieran bajo el agua, mientras ella se movía con la ligereza de las águilas.
Aniquiló a los enemigos a una velocidad tal que sus aliados apenas tuvieron que esforzarse.
—?Pensé que tenía una idea de tu nivel!— le dijo Xyrna después de lanzarle un hechizo que le ayudaba a recuperar la energía.—. ?Pero definitivamente eres otra cosa!
A partir de ese momento, la elfa se enfocó en combatir como su soporte, lanzándole escudos y hechizos de mejora. Con las dos guerreras combatiendo juntas, cambiaron el curso de la batalla en todas las naves enemigas que abordaban junto al capitán, mientras los barcos aliados permanecían seguros entre los salientes rocosos.
Los corsarios no tardaron en comprender lo que debían hacer, y desplegaron velas hacia altamar con la poca dignidad que les quedaba.
—Pareces enviada por los mismísimos dioses.—le dijo el capitán mientras se secaba el sudor de la frente.—No sé por qué diablos estás combatiendo a los de tu propio país, pero contigo en nuestras filas llegaremos a las mismísimas puertas de Dalux.
—No sólo eso, anciano.—pensó Yowo, enfundando su espada en la espalda. —Si no a los confines del mundo. Yo soy el nuevo imperio?.

