home

search

Capítulo 57 - El mal amigo

  Pese a su impaciencia, Silas no podía hacer otra cosa más que esperar. Llevaban cuatro días de tormenta sin ninguna se?al de que fuera a mermar pronto. él dudaba de que el puerto continuara en pie para entonces pero Rufus le aseguró que Abrazo de Tormenta había sido construido para soportar las tempestades más atroces. Sólo debían esperar con calma.

  Mientras tanto, pese al temporal, los Fantasmas del Puerto continuaban entrando y saliendo de la sala de reuniones llevando a cabo sus asuntos como de costumbre. Si bien sus movimientos estaban limitados por el clima, eso no les había impedido usar los túneles para ingresar en algunas casas y negocios para robar todo lo pudieran.

  Finn había vuelto a espiar a los magos y volvió con la noticia de que el rastro mágico de Olivia había sido detectado en la vieja casa de piedra, por lo que ella decidió no salir al exterior hasta el día de su partida. A partir de ahora deberían calcular bien cada paso que daban ya que no había duda de que incluso los barcos serían inspeccionados antes de zarpar.

  Silas aprovechaba aquellos ratos sin la pandilla para intentar volver a transformarse sin resultados aparentes mientras que Olivia no quitaba los ojos del antiguo libro que había pertenecido a la familia de Rufus. Cada tanto exhalaba un suspiro de frustración ya que ninguna de aquellas extra?as líneas tenía alguna relación con lo que ella conocía de los Códigos Etéreos.

  Milo había intentado salir a trabajar pese a la tormenta pero había vuelto cabizbajo y con las manos vacías. Tanto el puerto como el mercado se encontraban paralizados debido a los fuertes vientos y los únicos trabajos disponibles en posadas y tabernas habían sido ya tomados.

  Las horas se les hacían largas y solamente hallaban algo de distracción cuando la pandilla retornaba a la sala con bolsas de botín y comida y se sentaban a hablar de su plan de escape.

  – Así que… Isla de los Demonios… – dijo Rufus en cuanto Olivia le había revelado su destino.

  – También la llaman Hermandad de la Isla – le corrigió ella.

  – Como sea. ?Por qué tan lejos?

  – Silas no puede volver a las monta?as – en realidad ella tampoco podía volver a su hogar y ese pensamiento hizo que Silas se diera cuenta de que ahora Olivia y él tenían mucho más en común de lo que parecía al principio.

  Ninguno de los dos podía volver a su hogar porque de una manera u otra ambos eran distintos de los suyos.

  – ?No están asustados de los híbridos? – preguntó Katty ansiosa.

  – Según lo que he leído son criaturas pacíficas – Olivia acarició su peque?a cabeza de mechones desordenados –. No estamos seguros si nos aceptarán pero al menos no nos harán da?o.

  – ?Por qué ir allí entonces? – preguntó Vinnie.

  Olivia suspiró.

  – Es el único lugar fuera del alcance de los magos – al decir esto los ni?os se miraron entre ellos y asintieron.

  – No me molestaría convivir con bestias con tal de alejarme de los magos – coincidió Rufus.

  Silas no tenía idea de cómo debía de verse un híbrido. Suponía que serían similares a cuando él intentaba transformarse y su cuerpo quedaba deformado entre una forma y otra. Aunque quizás esa comparación no les gustaría para nada los híbridos.

  Ya que la única manera de llegar hasta allí era por barco, el nuevo plan de escape propuesto por la pandilla incluía provocar un gran disturbio en las zonas superiores que con suerte alejarían la atención de los magos mientras Olivia y Silas eran conducidos hasta el barco.

  – Yo había había juntado una suma bastante alta – Milo infló su pecho mientras apoyaba su bolsa de dinero sobre la mesa.

  Rufus se rió de él.

  – ?Piensas que esa suma convencerá a un capitán de actuar en contra de los magos? No entiendo cómo has sobrevivido en las calles hasta ahora, Milo.

  Este le dirigió una mirada helada.

  – Al menos puedo decir que no soy un ladrón.

  – ?Acaso hay algún premio al chico más decente? Por favor. Nadie realmente se preocupa por los Hijos del Puerto. Sólo la gente que nos tiene lástima pero ellos también pierden su interés cuando ya ganamos unos centímetros y comienzan a vernos como una molestia. ?Has pensado lo que pasará cuando dejen de verte como un tierno cachorro?

  Milo no respondió y estrujó con fuerza su bolsa de monedas.

  – En el mejor de los casos – continuó Rufus – te convertirás en un marinero y deberás estar bajo las órdenes y caprichos de un capitán tirano. De lo contrario deberás aceptar cualquier trabajo humilde, sin importar qué tan duro y mal pago sea. En el peor caso, te raptarán y te venderán como esclavo en los reinos más allá del Mar Libre.

  – Pero eso está... – protestó Olivia.

  – ?Prohibido? – se burló Rufus –. No, mi inocente se?ora. Quizás en Terrarkana las cosas parezcan de una forma pero si excavas lo suficiente no hallarás más que mierda.

  – ?Qué quieres decir?

  – ?Tu padre nunca te contó de los criminales que son vendidos como ganado? Quizás no haya esclavos en Terrarkana pero desde luego que tanto los magos como la nobleza no tienen problema en ganar dinero con ellos. Incluso a veces enga?an a los compradores haciéndoles creer que pueden obtener algo de magia de su compra. ?Vengan y vean un esclavo traído desde las lejanas y míticas tierras de Terrarkana! A veces no necesitas ser un criminal, simplemente aparentarlo.

  – Mi padre nunca... – la voz de Olivia se fue apagando como si se hubiera quedado sin aire.

  Rufus la miró con lástima.

  – Poco se gana siguiendo las reglas y yo no pienso inclinar la cabeza ante nadie.

  – Te atraparán algún día – le advirtió Milo.

  – Quizás. Pero si ese día llega, tendré a mis camaradas para ayudarme a escapar – Rufus levantó la cabeza orgulloso hacia los otros miembros de la pandilla –. Eres un necio si crees que podrás sobrevivir por tu cuenta. Estamos todos en el mismo barco y sólo lo sacaremos adelante siendo una tripulación organizada. únete a nosotros y ya verás. Algún día conseguiremos un barco y nos convertiremos en piratas. ?Iniciaremos una nueva Revuelta del Mar y liberaremos al puerto del control de los magos!

  A las palabras de Rufus le siguieron aplausos y aclamaciones de parte de los miembros más jóvenes de la pandilla.

  Los humanos son raros, pensaba Silas, pese a ser una única raza, se dividen entre ellos por pura codicia. Cuando decidió dejar atrás las monta?as nunca se le ocurrió que durante su viaje conocería humanos que odiaban a los magos con la misma intensidad que él o que estos mismos seres detestables cazaran a sus semejantes de igual forma que antes habían cazado a las quimeras.

  Incluso la unión de la que tanto hablaba Rufus le recordaba a Silas sus tiempos con la manada. La supervivencia era posible en grupo, aunque a él no le había ido bastante mal cuando tuvo que manejarse solo en la monta?a. Descontando la vez en que Leander lo había capturado, le había ido bastante bien. Y si no fuera porque había perdido su poder de transformación, no dependería tanto de Olivia.

  Si tan solo pudiera convertirse en una águila y alejarse volando eso le hubiera facilitado mucho pero la pata de oso continuaba sin cambiar pese a todos sus esfuerzos. No había logrado mutar ni el color de su piel. Cuando pensaba que estaba avanzando volvía a toparse con una muralla insuperable.

  Eso lo hizo volver sobre sus pasos y pensar qué era lo que había ocurrido durante la emboscada de Eldrin para que la pata de oso apareciera de la nada. No había sentido nada especial aquella vez, salvo el cosquilleo en su mano momentos antes de que esta adoptara aquella forma. Aparte de eso lo único que recordaba era la rabia y la frustración que sentía de encontrarse tan indefenso frente al mago.

  This story originates from a different website. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there.

  Rabia... la misma rabia que había sentido en las monta?as luego de ser abandonado por la manada. La misma rabia que lo había ayudado a convertirse en zorro y luego otra vez cuando en el castillo había logrado adoptar la forma de gato mientras planeaba cómo vengarse de los humanos.

  Rabia... ?Sí! ?Ahí estaba el secreto!

  – ?Olivia! – Silas saltó de la silla sobresaltando a todo el mundo –. ?Hazme enojar!

  La chica parpadeó perpleja.

  – ?Qué dices?

  – ?Ya sé como activar mi poder! Necesito que me hagas enojar tanto hasta el punto de hacerme hervir la sangre.

  – ?Y cómo puedo...? Un momento... – Olivia arrugó las cejas –. ?Por qué piensas que yo puedo hacerte enojar?

  – ?Porque puedes llegar a ser muy molesta cuando te lo propones!

  Aquella afirmación dejó a todos los ni?os con la boca abierta. Milo se llevó una mano a la frente y Rufus apretó los labios mirando para otro lado.

  – ?Yo soy molesta? – Olivia golpeó la mesa con ambas manos y lo miró furibunda. Silas hasta creyó ver una vena hinchándose en su frente.

  – ?Por qué te enojas? El que tiene que enojarse soy yo. Veras... tengo un plan...

  – ?No estoy molesta! – exclamó ella irónica –. ?Me alegro muchísimo tener el poder de sacarte de quicio!

  Silas permaneció con los brazos tiesos.

  – Entonces... ?vas a...?

  – ?Por dónde empezar? – en un gesto exagerado Olivia se llevó un dedo a la boca como si estuviera pensando –. ?Eres un gru?ón insoportable! ?Siempre estás criticando y no eres capaz de dar ideas para escapar! ?Todo lo tengo que pensar yo!

  Silas esperó que sus palabras le hicieran efecto pero por alguna razón no sintió nada. De todas maneras apretó los pu?os para intentar canalizar su poder.

  – Continúa.

  – ?Desde que salimos del castillo siempre he estado ahí para subirte el ánimo, he hecho todo lo posible para que confiaras en mí y aún así continúas ocultándome cosas!

  No, aquello no era suficiente.

  – Sigue.

  – ?Pensar todo el tiempo que te protegí cuando no eras más que un ratón y todo ese tiempo podías adoptar forma de humano!

  – Primera forma – le corrigió él. Eso tendría que haberlo hecho enojar pero no pasó nada

  – ?Y todas las veces que te enojaste conmigo sin razón pero yo lo aguanté porque sabía que estabas pasando por un mal momento!

  Eso era... No. Sacudió la cabeza. No podía enojarse cuando ella le decía algo que era cierto.

  – ?Y ahora, después de todo lo que he hecho por ti, vienes a decirme que soy la única que te hace enojar? ?Te importan acaso mis sentimientos? Tu mayor enemigo no son los magos ni tus poderes incontrolables. ?Eres tú mismo! Tu mal genio y tu orgullo te están saboteando. ?Thalassa tenía razón sobre el nudo! ?Tú eres el nudo, Silas!

  A pesar de todo lo que estaba diciendo lo único que la quimera sentía en ese momento era decepción y no porque no pudiera transformarse sino por la manera hiriente en que Olivia lo miraba. En realidad, ahora que lo pensaba mejor, Silas se dio cuenta de que ella había dejado de molestarlo hacía ya bastante tiempo y no entendía cómo eso había ocurrido.

  Pero no tuvo el valor de decirlo en ese momento y mucho menos frente a aquellos ni?os que apenas conocían.

  Ella lo se?aló con el dedo.

  – ?Eres un mal amigo!

  Esa oración tan simple lo tomó por sorpresa y lo hirió como una flecha atravesando el mismo centro de su corazón.

  Maldita bruja. ?Qué magia oscura era aquella?

  Tras desahogarse, Olivia se mantuvo callada conteniendo su respiración agitada.

  – ?Eso es todo? – preguntó Vinnie aburrida.

  – ?Qué esperas? – se burló Rufus –. Es una noble nacida en cuna de oro.

  – ?Estoy cansada de que digan que soy una noble! – estalló Olivia con tal furia que el jefe de la pandilla retrocedió instintivamente quizás temiendo que ella le saltara enciam –. ?Claro que lo soy pero yo nunca pedí nacer en un castillo! ?No elegí tener los padres que tengo ni las expectativas que me impusieron! ?Las mismas personas que debieron haberme protegido me traicionaron! ?Yo no elegí nada de esto! ?Tampoco elegí ser una... una...! – estaba a punto de decir la palabra “bruja” pero se detuvo a tiempo antes de continuar con una voz quebrada –. ?Como sea! ?He renunciado a mi vida anterior! ?Estoy aquí ocultándome de los magos en los que antes confiaba! ?He puesto todo mi empe?o en hacer lo correcto, por demostrar que soy más que mi pasado y a nadie parece importarle! ?No merezco que me traten así! ?Podría estar en este momento leyendo en mi biblioteca tranquila pero tuve la terrible idea de rescatar a una quimera desagradecida que no quería ser salvada!

  A ese paso, era Olivia y no Silas quien tenía más posibilidades de convertirse en una furiosa leona.

  –?Sientes algo distinto? – Rufus le preguntó a Silas cuando Olivia se alejó hacia un rincón para calmarse y este negó con la cabeza.

  Katty levantó la mano.

  – ?Puedo intentarlo yo?

  – ?Y yo! – exclamó Penn.

  – ?También yo! – le siguió Finn.

  – ?No me dejen afuera! – agregó Vinnie.

  Incluso Milo, actuando en defensa de Olivia, se unió a la pandilla que por un rato se dedicó a inventar insultos para Silas.

  – ?Orejas de mapache amargado!

  – ?Cara de zorro mojado!

  – ?Nariz de burro!

  – ?Cerebro de lombriz!

  – ?Rata de puerto!

  – ?Erizo deforme!

  – ?Ojos de orina!

  – ?Rey de los fracasos!

  Pese a todos los intentos de la pandilla, ninguno logró hacer enojar a Silas quien cada vez se sentía más desanimado al ver que Olivia se negaba a mirarlo a la cara mientras sentada y dándole la espalda volvía a sumergir su cabeza en el libro de Rufus.

  – Esto es aburrido... – opinó el jefe –. ?Por qué no mejor apostamos? Quizás, Milo, esa bolsita tuya pueda servirte de algo.

  Los demás miembros de la pandilla celebraron la idea.

  Comenzaron con las carreras de barco, el juego favorito de los hermanos Finn y Penn, que no consistía más que en agarrar un barco de juguete y correr lo más rápido que pudieran de un lado al otro con las manos levantadas. Mientras los dos ni?os corrían los demás sólo participaban pero como meros espectadores que apostaban monedas de oros, incluso joyas.

  – Esto es un tontería – se burló Milo luego de ganar tres apuestas seguidas.

  – Sigamos con las cartas entonces – sugirió Rufus.

  Fue así como Silas aprendió a jugar a las cartas cuando el grupo le presentó uno que se llamaba el Mercado Negro. El mismo consistía en que todos los jugadores eran contrabandistas excepto uno que era el inspector encubierto. Si los demás no lograban adivinar la identidad del mismo antes de que la partida terminara, el inspector podía confiscar las mercancías de los demás.

  – Tienes una cara muy sospechosa, Milo – sonrió Rufus.

  – Tiene cara de inspector – intervino Finn.

  – ?Por favor! – exclamó Milo, ofendido. – Esta es una estrategia de Rufus para desviar la atención de él.

  – Lo que un inspector diría para despistar – Rufus entrecerró los ojos y se rascó el mentón –. Voto por Milo.

  – ?Exacto! – exclamó Silas, golpeando la mesa. Se encontraba tan inmerso en el juego que hasta se había olvidado tanto de sus infructuosos intentos por transformarse, así como del enojo de Olivia –. ?Yo también voto por Milo!

  – ??Qué?! – Milo miró furioso a la quimera– ?Eres un maldito traidor! ?Quién fue el primero en ayudarte cuando llegaste al puerto! – al ver que el resto también votaba en su contra, suspiró mostrando sus cartas –. Está bien... sí... soy el inspector... – arrastró las monedas que había perdido hacia el centro para que los demás se las repartieran.

  La tarde siguiente, todavía bajo tormenta, aquella sesión de juegos volvió a repetirse, sólo que esa vez, en lugar de cartas, se trató de un juego inventado por Rufus que se llamaba el Reino de los Dados.

  Olivia, habiendo superado su malhumor y cansada de mantenerse al margen de la diversión también se unió, aunque evitó a toda costa dirigirle la palabra a Silas y sólo hablaba cuando le llegaba el turno de mover sus piezas.

  Como el nombre lo indicaba, cada participante debía tirar los dados para avanzar a lo largo de un tablero de tela en donde Rufus había dibujado las torcidas líneas que dividían los reinos a ser conquistados. Dependiendo de la suma de los dados, uno podía ganar y perder su territorio. Si uno quería conquistar el territorio del otro podían comenzar una guerra viendo quién conseguía mayor puntaje. Pero en el camino también podían encontrarse con monstruos y trampas mágicas que sólo podían ser conseguir obteniendo el mismo número en todas las caras de los dados o pagando una gran suma.

  –Esa espada mágica cuesta seis monedas de oro– respondió Vinnie parpadeando en dirección a Silas–. Pero para ti te lo puedo dejar por la mitad.

  –?Eso es trampa! – se quejó Penn –. ?A mí me vendiste el martillo de trueno por el doble!

  –Yo puedo vender mis armas al precio que quiera.

  Luego de eso Penn se vengó de Vinnie anexando sus minas de piedras incandescentes y triplicando el precio de estas.

  –Toma, Olivia – le dijo Milo –. Te ofrezco mis territorios del oeste, ricos en metales preciosos, si a cambio aceptas mi propuesta de matrimonio.

  –?No se aceptan alianzas políticas! – protestó Rufus –. Olivia debe pagar como todo el mundo.

  Ninguno de los juegos estaba libre de apuestas o intercambios que no incluyeran dinero o joyas de verdad y Silas, guiado en principio por una inocente curiosidad, se vio empujado a probar suerte cuando Finn le entregó una peque?a bolsa de monedas como una cortesía para que el pudiera participar. Sin embargo, la quimera se vio incapaz de ganar un solo juego y volvió a quedar tan pobre cómo había comenzado y las monedas retornaron a las manos de Finn quien sonreía complacido como si ese hubiera sido su plan desde el principio.

  Pero en vez de simplemente desistir, aquello despertó una vena competitiva en Silas. Le pidió una nueva oportunidad a Finn pero este negó diciendo que ellos no eran ninguna obra de caridad.

  Vinnie y Katty aprovecharon la ocasión y le ofrecieron a Silas una nueva bolsa de monedas proponiéndole un trato: si volvía a perder, les debería un simple favor.

  Silas, seguro de poder revertir su mala racha, cayó en la trampa y luego de una nueva derrota debió saldar su deuda. Fue así que ambas chicas, con los ojos húmedos de felicidad, se pusieron manos a la obra para cepillar su larga y rebelde melena desde las raíces hasta las puntas.

  No lo dejaron libre hasta que sus cabellos no quedaron convertidos en un elaborado tejido de trenzas que ni él mismo podía desatar. Fue Olivia, probablemente guiada por la lástima, quien quedó a cargo de la tediosa tarea de deshacerlas una por una en completo silencio, lo cual provocó una situación incómoda para ambos.

  Tras esa primera experiencia, la quimera concluyó que apostar no era más que otra deshonrosa costumbre humana que jamás volvería a intentar.

  Sin embargo, cuando Rufus anunció que los vientos habían comenzado a menguar anunciando el eventual fin de la tormenta, Silas lamentó que aquellas tardes de juegos tuvieran que terminarse tan pronto.

Recommended Popular Novels