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Capítulo 22: El Presagio y la Trampa de Sangre

  La noche envolvía el palacio de Jericó en un silencio denso. Todos dormían tranquilos, pero en los aposentos de Hadram y Lizarel, la calma era solo superficial. Hadram estaba inquieto, moviéndose de un lado a otro entre las sábanas de seda, con el rostro contraído por una angustia invisible.

  En el sue?o... Hadram se encontraba en un campo infinito, viendo a Lizarel caminar entre flores silvestres. El sol brillaba con una intensidad irreal. —Son hermosas... —murmuró Hadram, acercándose. —Sí, lo sé —respondió Lizarel con una sonrisa traviesa—. Pero ?por qué no me atrapas? —?Qué? —?Atrápame! —desafió ella, echándose a correr. —?Lizarel! ?Lizarel, ven aquí! Hadram corría tras ella, sintiendo el aroma dulce de las flores y el viento en su rostro. La risa de Lizarel era música en sus oídos. —?Te tengo! —exclamó él, rodeándola con sus brazos al fin. —Eres muy ágil, eh... mucho. —En serio, amor... te amo mucho, lo sabías. —Lo sé, amor... sí. Hadram la abrazó con fuerza, cerrando los ojos por un segundo de felicidad pura. —Te amo mucho y... Pero al abrir los ojos, sus brazos estaban vacíos. El campo estaba desierto. El sol se había ocultado y un frío sepulcral lo rodeaba. —?Lizarel? ?Lizarel! ??DONDE ESTáS?! ?LIZAREL! ?LIZAREEEEEEL! Hadram gritaba solo en la inmensidad, hasta que su propia voz lo arrancó de la pesadilla.

  Fin del sue?o...

  —?LIZAREL! —Hadram despertó alterado, con el pecho agitado y empapado en sudor frío.

  —Hadram, ?qué sucede? —preguntó Lizarel, despertando asustada por el grito.

  —Nada... —respondió él, tratando de recuperar el aliento.

  —Tuviste una pesadilla, dime.

  —Sí... pero duerme, lo necesitas más.

  —?Seguro?

  —Sí, duerme.

  Lizarel se recostó de nuevo, pero Hadram no pudo volver a cerrar los ojos. La abrazó con fuerza, rodeándola con sus brazos como si temiera que se desvaneciera igual que en su sue?o. —Te amo mucho, mucho, mi amor... mucho —susurró contra su cabello, sintiendo que aquel presagio era demasiado real.

  Mientras tanto, en la oscuridad de los corredizos, la conspiración no descansaba. La Tercera Esposa caminaba nerviosa.

  —Deja de caminar de un lado para el otro, pareces loca —le espetó la Segunda Esposa.

  —?Cómo me dijiste?

  —Nada. Más te vale... Ando así porque espero el mensaje del Rey; si no, el plan no se mueve.

  En ese instante, una paloma mensajera aterrizó en la ventana. Llevaba una tela roja atada a la pata. La Segunda Esposa sonrió con una maldad absoluta.

  —He aquí la paloma. Es momento de hacer el plan.

  —?Qué hago?

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  —Harás esto...

  Al día siguiente, la Tercera Esposa puso en marcha la trampa. Corrió hacia donde estaba el eunuco, fingiendo pánico.

  —?AMREH! ?Amreh!

  —Dígame, se?ora, ?qué pasó? Anda alterada —respondió él, preocupado.

  —Es Lizarel... ella está mal, no sé qué le pasa, ?debemos ir!

  —?Claro! Llevaré estos trapos con agua y vamos, porque...

  Amreh no terminó la frase. La Tercera Esposa agarró una maceta pesada y le golpeó la cabeza con violencia. El eunuco cayó al suelo inconsciente.

  —Lo siento, pero debemos hacerlo... —dijo ella a un hombre que esperaba oculto—. Ya, pasa rápido.

  El mercenario cargó a Amreh. —Vamos —ordenó la Segunda Esposa—. Cayó rápido, no abrirá la boca. Ahora, el otro plan...

  La Segunda Esposa entró silenciosamente en los aposentos donde Lizarel aún descansaba. —Hay querida, no debiste... pero tranquila, sjsjs.

  —Lizarel... Lizarel, despierta.

  —?Qué...? ?Qué pasó? Se?ora, ?qué hace aquí? —preguntó Lizarel, incorporándose confundida.

  —Debes ayudarme, te lo pido. Sé que tú y yo no nos llevamos bien, pero te pido piedad, por favor.

  —Está bien, ?qué pasa? Dime.

  —Amreh fue raptado.

  —??Qué?! Voy a despertar a Hadram, él...

  —?No! No lo hagas. Me amenazaron con que no dijera nada. Solo pidieron que fuera alguien de confianza... pensé en ti, por favor.

  Lizarel, impulsada por el cari?o hacia su amigo, se puso las sandalias y salió corriendo con la mujer hacia el campo. —Vamos, Amreh puede ser muy tarde.

  En un claro alejado, los soldados de Herzor esperaban. —?Segura que vendrá con la princesa?

  —Claro —respondió la Tercera Esposa—. Amreh es su mejor amigo, vendrá.

  —Dicen que es muy bella, ?es cierto?

  —Es hermosa, perfecta de pies a cabeza y muy madura, te lo aseguro.

  —Vaya... digna de una reina.

  Cuando Lizarel llegó al límite del desierto y no vio a Amreh, sino a hombres armados, se detuvo. Escuchó la risa triunfal de la Segunda Esposa: —Lizarel ya viene... el trofeo del Rey Herzor. ?Aprenderá que no debió desafiarme!

  —Era una trampa... ?debo irme de aquí! —Lizarel dio media vuelta y corrió desesperada hacia el campo.

  —?ESTá ESCAPANDO! —gritó el oficial—. ?Ve, ve rápido! ?YA!

  Lizarel corría sin mirar atrás. Su pijama de seda se rasgaba con las ramas, pero no le importaba. En el palacio, Hadram despertó y, al buscar a Lizarel y encontrar el lecho frío, el terror del sue?o lo invadió.

  —?Lizarel! ?Lizarel! ?Por los dioses, dónde está! —recordó su pesadilla y su corazón latió con fuerza—. ?GUARDIAS! Acompá?enme, llamen a Tibar, ?VAMOS!

  Lizarel tropezó con una piedra y cayó. —Ufff... me lastimé.

  Los soldados de Herzor estaban sobre ella, pero entonces apareció Hadram cabalgando como un rayo.

  —?LIZAREL!

  —?Hadram! —gritó ella, levantándose y corriendo hacia su esposo.

  Hadram saltó del caballo y la envolvió en un abrazo feroz. —?Lizarel, mi amor!

  —?ATRAPENLA! —ordenaron los enemigos.

  —?SOLDADOS! —rugió Hadram.

  Las flechas empezaron a volar. Tibar llegó con su escudo y protegió a la pareja. —?Príncipe, lleve a su esposa al palacio rápido! Nosotros atacaremos.

  Hadram subió a Lizarel al caballo y galoparon de regreso mientras Tibar y sus hombres diezmaban a los mercenarios. Los pocos sobrevivientes de Herzor huyeron despavoridos.

  En el palacio, Hadram ayudó a Lizarel a bajar del caballo. —Amor, estás bien, dime.

  —Tuve miedo... pensé que no volvería a verte —lloró Lizarel.

  —Yo también... mi flor de lirio, nunca más te dejaré sola. Te amo y quiero estar a tu lado siempre.

  En la Sala del Trono, Zekeriel recibió el informe. —Sabía que lo harían esos idiotas. El Rey Herzor aprenderá a no meterse con nosotros.

  Mientras tanto, en el campo de batalla cubierto de flores manchadas de sangre, las dos traidoras observaban los cadáveres.

  —Muchos soldados de Herzor están muertos... —dijo la Tercera, temblando.

  —Eso me irrita más —escupió la Segunda—. Te aseguro que me vengaré. El odio que hay en mí lo hará... me desharé de Lizarel de una vez por todas. ?Ya lo verás!

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