—?Estás bien, amor? Dime —preguntó Hadram, sosteniéndome en nuestros aposentos.
—Me dolió mucho —confesé, aun sintiendo el escozor de la bofetada.
—Calma, ya estoy aquí. Quien ose hacerte da?o, morirá. Sabes que para mí eres una flor que yo puedo cuidarte, y que nadie puede tocarla si no yo, ?lo sabías?
—Lo sé. Yo solo puedo acostarme contigo, y ningún otro hombre podrá, ?sí lo sabías, amor?
—?Por qué no aprovechamos este momento de marido y mujer?
—Es lo que quiero, estar hoy contigo, sí.
Hadram comenzó a besarme con mucha pasión, y nos dejamos llevar por nuestro momento privado.
En la Sala del Trono, el Rey Zekeriel estaba ocupado cuando el eunuco principal irrumpió.
—Habla, eunuco, ?qué te trae aquí?
—Ay, Soberano, no sé cómo empezar...
—Por el principio, habla.
—Bueno, pues le digo que, hoy hubo una discusión y una humillación en el Harem.
—?Eso es todo?
—No, yo sé que no le importa mucho, pero ?ay, perdóneme, Supremo Rey! ?Perdón, perdón!
—?Por qué?
—No cumplí mi función de proteger. ?Ay, si me ejecuta, que me maquillen, por favor!
—?Qué quieres decir? Dime.
—Bueno, su nuera... no lo, sabe...
—?De qué cosa? Dime, ?qué pasó con mi nuera?
—Bueno, su nuera fue...
—?HABLA DE UNA VEZ! —gritó el Rey Zekeriel, con voz desesperada y temor por la furia de su hijo.
—Su nuera fue humillada por su Segunda Esposa. Pensaba que era su última esposa, y le dije que es su nuera. La humilló, le dio una bofetada y le aventó agua. No miento, juro por los dioses...
—??Qué hizo eso?! Tibar, tráeme a la Segunda Esposa... Mejor no, yo hablaré con ella. Esto sí es un ultraje. ?Cómo osó hacer eso!
El Rey Zekeriel se fue de la Sala del Trono enfurecido.
—Ella sufrirá, ?no? —preguntó el Soldado Tibar a Amreh.
—Ja, ?quién soportaría a esa perra! Ja, espero que aprenda.
En el Harem, la Segunda Esposa estaba inquieta.
—Anda, Sierva, ahora ?qué haré? Humillé a la nuera de mi marido.
—No sé, si... —murmuró la Tercera Esposa.
—?Sí, ?qué, dime!
—Tenemos que hablar seriamente —dijo el Rey Zekeriel, apareciendo como una tormenta.
—?Soberano y marido! —dijo la Segunda Esposa, poniéndose de pie de inmediato.
—?Cómo pudiste humillar a mi nuera?
—Pensé que era de tus últimas esposas y me puse así, porque...
—?Porque ella es más joven que tú, ?eh? Ya toleré tus celos, pero a mi nuera... ?Cómo pudiste haberla humillado? ?Es la esposa de mi hijo, la futura Reina de Jericó!
—Mi amor, yo...
—?CáLLATE! No debiste tocarla. Sabes bien que quien toca las cosas de Hadram, su furia es peor. Tú sabes bien que Hadram puede hacerte algo peor. No debiste...
—Amor, yo, yo...
El Rey Zekeriel abofeteó tan fuerte a la Segunda Esposa que ella cayó al piso con un golpe sordo. La marca roja de la mano del Rey quedó grabada en su mejilla.
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—?Es para que aprendas, bruja!
El Rey Zekeriel se fue, y la Segunda Esposa solo quedó en el piso, golpeada y humillada.
—??Qué ven, ??qué?! ?Qué, qué, miserables! ?Ahhh! —gritó, humillada ante las demás.
Mientras, en los aposentos, la pasión había cedido el paso a la ternura y al juego de poder con Hadram.
—Nunca pensé sentir esta felicidad al estar contigo —dije, acurrucada.
—Lo sé, amor.
—Cuando sea Reina, te daré hijos, muchos.
—Yo sé que sí.
—Amor, dime, ?qué pasa si una Reina no tiene hijos?
—Bueno, cuando sucede eso, es olvidada o exiliada. Eso pasa entre mi familia.
—Yo pretendo hacer todo lo posible para que tengas descendencia.
—Yo sé que sí.
—Dime algo, ?soy mejor en complacerte más que las que estabas con esas rameras, eh?
—?Celosa?
—Puede ser, pero dime algo, ?tienes a alguien más o tu primer amor, dime?
—?Qué quieres decir?
—?No había otra mujer antes que yo?
—No, no, claro que solo tú, ?lo sabes, amor?
—Ajá, no te creo.
—?En serio no me crees? ?Qué te parece si te doy un beso?
—Así, pues no sé, dime.
Hadram me besó delicadamente, abrazados en la cama.
Al día siguiente, la escena era doméstica y tierna.
—Wow, no puedo dejar de verte. Tu cabello más lindo y sedoso.
—?Envidias mi cabello? Pero el tuyo es más lindo. Con trenza te ves más atractivo, ?lo sabías?
—?En serio? Sabes, cuando era peque?o, yo siempre me hacía mis trenzas. ?Quieres que te haga?
—Bien, sin estropear.
—Sabes que ese peine de Hai es lindo, pero yo te daré uno de oro y joyas, ?sabías eso?
—Eso espero.
—Cuando sea Rey, te daré coronas, vestidos, joyas, animales, todo lo que quieras.
—Bien, eso espero. Yo sé que me lo darás, mi amor, pero recuerda algo: el amor no se compra, se conquista.
—?Ah, sí, en serio? Pues tú me conquistaste por tu forma de ser... una fiera.
—??QUé?!
Hadram, al decir 'fiera', se tapó la boca.
—Me dijiste fiera, ?eh?
—No, no...
—?Hadram!
—No dije nada, nada, en serio.
—Si no me dices, olvida nuestra noche de pasión.
—Bueno, te dije fiera.
—Ah, me dijiste fiera. Ahora ven aquí. ?A quién le dirás fiera?
—?Ah, me estás jalando el cabello, amor! ?Perdón, perdón! ?Ahhhhhh!
Unos momentos después...
—Bien, más te vale que no me digas así.
—Claro. Deja ponerte tus trenzas.
—Más te vale.
—Perdón.
—Claro, bien.
Al rega?ar a mi marido, él entendía mis motivos. Hadram me hacía las trenzas más lindas, poniendo con delicadeza adornos peque?os. Parecía una egipcia.
—Listo, te ves más linda, ?lo sabías?
—Sí, amor, me veo más linda. Sabes hacer muy lindos.
—Bueno, deja ba?arme. Yo quisiera que tú lo hicieras.
—No, solo cuando quiero. Estarás castigado por decirme fiera.
—Así, entonces...
—?Ha...!
Hadram me agarró con fuerza, besándome e interrumpiéndome.
—?Bas... ta, ya, ya!
—Te amo.
—Dije que basta.
Le di una bofetada a Hadram.
—?Lizarel!
—Te dije que no, y no.
—Pero soy tu esposo y tú eres mi mujer y...
—?Y qué? Estoy enojada por lo que me dijiste, sí. Déjame.
—?Tú ERES MíA! Eres mi mujer y mi Reina.
—Ah, ahora me lo dices, ja. Yo no soy propiedad de nadie, así que nos vemos en la Sala del Trono.
—?Li, Li, Lizarel, vuelve aquí!
Al estar con mi marido, debo decirte que era difícil tener paciencia con él. Más siendo un Casanova y cruel, era peor, pero yo podía dominarlo. ?No me crees? Ja, ?vaya y espera y lo verás!
—Princesa Lizarel, ?cómo está y cómo amaneció? —preguntó Amreh, saludándome con un tono de alivio.
—Normal. Necesito refrescarme con algo, ?podrás?
—Claro, masajes especiales para relajar.
—Eso es perfecto, y...
—Princesa Lizarel, lo siento lo que le hice ayer. Solo eran celos de esposa, sí. Pensé que era de tantas esposas de su suegro, disculpé.
—Claro, pero veo que no has podido olvidar, ?no? —dije seria, sin creer su arrepentimiento.
—No, pero ya me arrepentí y quiero que tomes este amuleto de Acera para que te proteja.
Al ver que la Segunda Esposa me daba un amuleto de protección, pude ver su forma de mirar y su sonrisa malévola, ocultando una trampa.
—?Solo eso me darás?
—Claro.
—Acepta, aquí es parte de nuestra costumbre. Sería una falta de respeto que rechaces esa forma de disculpa —intervino la Tercera Esposa.
—Ja, no. Acepto tu disculpa, ?sabes por qué? Porque sé que no te disculparás por tu locura, ?verdad? Ja, ya sabía. No acepto, no.
—Eres una mal... —empezó a decir la Segunda Esposa, la furia ti?éndole el rostro.
—Si le da otra bofetada, sabe que el Rey Zekeriel la castigará, lo sabe —intervino Amreh, con una advertencia.
—Hay mierda, sí, pero esta...
—Déjala, que lo haga. No me importa nada, no le tengo miedo —dije, seria, desafiándola.
—Ah, esto no quedará así. Me encargaré de que no seas la Reina —amenazó la Segunda Esposa.
—Claro, eso espero.
—Vámonos.
—Princesa, usted no debió desafiar a la Segunda Esposa —dijo Amreh, preocupado.
—Ja, ella no me intimida. Así fue cuando me hacían eso. Más la serpiente anda valiente y más alta se cree, más fuerte es su caída...
—?Por los dioses, usted fue elegida por los dioses!
—Ja, lo sé. Vamos.
—Claro.
—Ella te desafió —dijo la Tercera Esposa a la Segunda.
—Sí, pero ella caerá. Lo verá...
En la Sala del Trono...
—Sí, debemos saber la prosperidad del reino, ?entendido? —decía el Rey Zekeriel.
Entré a la Sala del Trono, caminando con elegancia, vestida ya como una Princesa en toda regla.
—?Lizarel, cu?ada!
—Soberano y suegro, disculpé por entrar así, ?llegué en un mal momento?
—No. ?Dónde está tu esposo?
—él está...
—?Estoy aquí! Disculpe, es que se me olvidó mi anillo, por eso.
—Eso es cierto, pero disculpé —dije, fingiendo sorpresa.
—Nuera, no hay problemas. Les iba a avisar...
—?Por qué, dime?
—Hablé con mi Segunda Esposa y le dije que no debió ofenderte. Disculpa por el comportamiento de mi esposa, me siento apenado, en serio.
—No se preocupe, disculpa aceptada.
—Bien, entonces ?no les gustaría desayunar?
—Claro.
—Bien, vamos a desayunar...
?Nos vemos en la próxima actualización!

