Muchos piensan que los cuentos de hadas o fábulas de princesas, príncipes, reyes y reinas tienen un final feliz. Si te dijera que la realidad es la absoluta contrariedad de lo que te han ense?ado, ?lo creerías? La historia no siempre es lineal, y los príncipes y princesas pueden ser tan malvados, o incluso más, que las brujas de los relatos.
Los cuentos son diversos; te mostrarán la luz solo para ocultarte la sombra. Pues bien, te contaré algo que cambiará tu perspectiva, que borrará la inocencia de tus sue?os.
?Estás listo para conocer la verdad?
Esta es mi historia...
I. El Palacio y la Urgencia
4000 a. C. Reino de Hai.
El Reino de Hai era famoso por su feroz estrategia militar, un arte que dominaban con maestría: sabían cómo atacar y, lo que era más importante, cómo ganar. El reino era próspero, un crisol de vida. Los mercados rebosaban de comerciantes de otras regiones, ofreciendo todo tipo de comercio: frutas vibrantes, carne fresca, sedas suntuosas, granos abundantes y joyas que deslumbraban bajo el sol. Hai era un modelo de contribución y riqueza para sus ciudadanos.
Pero en el palacio, el corazón de piedra y mármol de Hai, la atmósfera era radicalmente diferente. Te preguntarás, ?qué podría tener el palacio que lo hacía tan distinto? Pronto lo sabrás.
En la Sala del Trono, un espacio vasto y frío.
—El Rey vendrá —afirmó el comandante Kher, ajustando el peso de su armadura.
—Quién diría que ahora el hijo del Rey Baal, fuera el Rey de Hai... —meditó el Sacerdote Deh, su voz grave.
—Sí, pero es nuestro deber. Ahora debemos obedecer a nuestro nuevo Rey Yusuf —sentenció Kher.
—Que le deseemos larga vida al nuevo Rey y que gobierne con justicia.
—Que así sea.
Las puertas de la sala del trono se abrieron con lentitud ceremonial. Entró el Rey Yusuf. Un joven apuesto, sí, pero su mirada era la de un rey: severa, pesada, cargada con la responsabilidad del trono.
Yusuf caminaba con pasos firmes, la cabeza tan alta que parecía tocar el techo. Su presencia mostraba una seguridad inquebrantable, una fuerza que no se diferenciaba de la de otros reinos: él era la ley.
—Bien, me llamaron. Díganme, ?qué hay de urgente?
—Mi Soberano de los vivos y los muertos, tenemos una noticia. Claro, el Sacerdote tiene otra, pero esta es más importante, si me permite el atrevimiento de decirlo —dijo el Comandante Kher, inclinándose, su rostro serio.
—Pues bien, Comandante, dígame qué es más urgente que el Sacerdote.
—El Rey de Moab, viene a visitarlo.
Yusuf se enderezó. —?Tan rápido! Pasaron solo tres meses desde que falleció mi padre y ahora...
—Su padre quiso llamar al Rey de Moab para sellar la alianza de matrimonio con la princesa.
—Cierto, mi padre me lo dijo. Quería gobernar dos meses antes de casarme, pero parece que el Rey quiso lo más pronto posible. No me equivoco, ?verdad?
—No, Soberano de los vivos y los muertos —dijo Kher, inclinándose.
—?Y cuándo vendrán? Para saber si hago una fiesta, aunque sea peque?a.
El comandante Kher estaba tan nervioso que miró de reojo al Sacerdote, pero sostuvo el aliento.
—Habla, comandante. No me gusta la tardanza.
—Perdón, mi Soberano, pero... ellos ya están aquí.
—??QUé?!—exclamo el rey Yusuf.
II. La Prometida Velada
Mientras la comitiva real de Moab esperaba afuera del palacio...
—Princesa, ?quiere agua? —preguntó Natif, la sierva.
—Sí. Papá, ?el Rey nos recibirá? —preguntó la Princesa.
—Claro, hija. No te preocupes. Vivirás mejor que nosotros. Sabes que tu hermano gobernará allí, pero tú serás Reina aquí.
—Papá, no quiero alejarme de ti y de mi madre, que se quedó en Moab.
—No te preocupes, hija. Podrás visitarnos.
Natif se apresuró. —Mi Princesa, se desacomodó el velo de su rostro. Nadie puede verla hasta que sea la Reina.
—Cierto, pero tengo miedo —susurró ella.
En el palacio, el pánico de Yusuf se calmó ante la razón. —Comandante, pues que entren. No los dejen afuera. Eso sería una grave falta de respeto. —Ah, mi padre... por qué no me dijo que venían hoy. —Calma, mi Soberano —dijo el Sacerdote Deh. —Los dioses saben por qué. —Me ibas a decir algo, Sacerdote. —Primero, déle la bienvenida a los invitados. Esto es más importante.
El comandante Kher corrió. —?ABRAN LAS PUERTAS! —gritó con autoridad.
Las puertas se abrieron y la comitiva de Moab entró.
—Es muy diferente, hija —murmuró el Rey de Moab. —Sí, padre. —Qué diferente es —comentó Narif.
El Rey de Moab bajó de su caballo, y la Princesa lo siguió. —Soberano de Moab, yo los llevaré ante mi Rey Yusuf. —Claro, vamos, hija.
En la Sala del Trono, Yusuf se preparó. —?ATENCIóN! El Rey de Moab, su hija y su comitiva real están aquí ante usted, mi Soberano de los vivos y los muertos —anunció Kher.
El Rey de Moab entró con su hija, cuyo rostro estaba cubierto. Yusuf, al ver la figura, quedó admirado.
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—Rey Yusuf, es un gusto conocerlo en persona. —El mío también. —Estamos aquí para que conozca a su prometida, mi hija.
—?Cómo te llamas?
—Me llamo Ishtare, mi Soberano.
Yusuf tomó la mano de Ishtare y la besó. Ella solo inclinó la cabeza. Dos mundos se tocaban por primera vez.
IV. La Promesa en el Jardín
Pasaron unos días. Ishtare estaba inquieta en sus aposentos.
—Tengo miedo —confesó Ishtare. —?Por qué, mi Princesa? —No sé, pero al ver al Rey, no sé... creo que me enamoré. —?Ay, ?qué lindo saberlo, mi Princesa! —Espero que él me ame. ?Y si vamos al jardín? —Vamos.
Ishtare y Natif fueron al jardín, un lugar de una belleza sin igual. Las flores eran más lindas que las de Moab, cuidadosamente atendidas.
—Es muy hermoso —dijo Ishtare. —Sí, y le gusta mucho —dijo Natif.
Yusuf, en la terraza, vio a Ishtare. Su figura velada, su delicadeza al mirar las flores.
—Admiras mis jardines, Princesa —dijo Yusuf, bajando a su encuentro.
Ishtare se giró. Yusuf quedó completamente fascinado.
—Usted es muy hermosa.
—Mi velo, Rey. No puede ver mi rostro hasta que nos casemos —dijo Ishtare, inclinándose.
Yusuf se acercó un paso, ignorando la tradición. —Usted se equivoca. Aunque trajera ese velo, usted sería la más hermosa de mi reino. Perdóneme por mi atrevimiento, pero usted tiene ese hermoso cabello casta?o, ojos azules como el cielo, labios rosados como las flores y una piel suave y blanca como las nubes. Usted es la más hermosa, mi prometida.
—Lo, lo, lo perdonó. Usted es el Soberano de este reino —respondió Ishtare, su corazón latiendo con fuerza.
—No, te equivocas. Pronto serás mi Reina— Dijo Yusuf con una voz suave
Pasaron unos días, e Ishtare y Yusuf se empezaron a entender, a enamorarse. Era, a ojos de todos, un verdadero cuento de hadas. Pero muy pronto sabrán que la realidad de cómo los reyes gobernaban era muy diferente.
—Sabes algo, mi futura Reina —dijo Yusuf. —Cuando nos casemos, te prometo que te amaré y te daré mi reino si quieres.
—Yo no necesitaré eso, porque te tengo a ti, mi amor.
—Te amo mucho. —Y yo más. Ya pasaron unos días y, aun así, me enamoro aún más.
—Sí, lo sé, pero vamos. No podemos faltar al ritual ante los dioses.
—Antes de conocerte, yo fui sacerdotisa, ?lo sabías? —preguntó Ishtare. —?En serio? ?Cuándo fue eso, eh? —Cuando era peque?a aprendí mucho de ser sacerdotisa. Aunque si te vuelves una, tienes que entregarte ante hombres para la diosa Ishtar y la diosa Acera que muestra la fertilidad, mi padre no quiso que lo hiciera.
—Entiendo, mi Reina. Vamos.
—Sí, claro.
V. El Juramento de Sangre en el Santuario
El Santuario era el lugar más sagrado de Hai. Su aura era solemne y misteriosa. El aire era denso, saturado con el humo del incienso de loto y el aroma de las hojas secas quemadas. Solo podían entrar los nobles.
El Sacerdote Deh dio la se?al. —Empecemos.
Yusuf se colocó ante el altar de piedra negra pulida. Ishtare fue hacia el círculo de sacerdotisas, vestida con lino blanco, un ritual especial.
—Dioses de Canaán, estoy aquí como Rey —dijo Yusuf—. Os pido que aceptéis esta ofrenda como símbolo de respeto. Que mi boda y mi matrimonio sean únicos y prósperos.
Yusuf dio la ofrenda: bandejas de miel pura, frutas maduras, postres y vino a?ejo. Un banquete de prosperidad.
Mientras Yusuf oraba, las sacerdotisas en el círculo de Ishtare comenzaron una danza lenta y ancestral. Era hipnótico, sus movimientos eran fluidos como agua.
—He aquí a mi prometida —dijo Yusuf.
Ishtare se presentó a los dioses, mostrando su profunda convicción.
—Dioses, acéptenme como su nueva Reina. Haré lo que me pidan.
—?Dioses, acéptenla! —corearon los sacerdotes y sacerdotisas.
Ishtare se inclinó. Las mujeres empezaron a rodearla en un círculo. La Sacerdotisa principal le entregó la navaja de oro ceremonial, inclinándose.
Ishtare la tomó. Su agarre fue firme y lleno de una extra?a quietud. Con una resolución de acero, apretó la navaja en la palma de su mano. La sangre, roja y viva, brotó, goteando sobre el suelo sagrado.
—Dioses —su voz fue un eco potente que retumbó en el santuario—, tomad mi sangre en honor a vosotros: Baal, Asera, Anat, Ishtar. Acéptenme como vuestra discípula y como vuestra Reina.
El Sacerdote Deh, que oraba con devoción, se sintió mareado. Los sacerdotes tuvieron que sostenerlo. La respuesta de los dioses había sido inmediata y poderosa.
—Ellos te aceptaron, Reina Ishtare —dijo el Sacerdote, débil, reconociendo el nuevo título.
—Gracias, mis Dioses. Prometo no defraudaros —dijo Ishtare, inclinándose.
Yusuf se acercó, preocupado por la sangre. —Tu mano, está... —No te preocupes. La sacerdotisa me ayudará —dijo Ishtare, sonriendo con calma.
Le dio un beso en la mejilla a Yusuf y se fue.
VI. El Nacimiento de la Flor de Fuego
Dos días después, se celebraba la boda.
—?Lista, mi Reina? —preguntó Natif. —Sí, pero estoy nerviosa en serio. Yo pude tener contacto con los dioses sobre el ritual de aceptación... pero prometo ser la Reina más justa, como mi madre.
Su padre entró. —Hija, te ves tan linda. Yo te crié cuándo eras una bebé tan frágil. Te deseo lo mejor. Tu madre, si te viera, lloraría. —Prometo gobernar con justicia y amar a mis hijos como tú lo hiciste, padre.
Se abrazaron con fuerza.
En la Sala del Trono, adornada con flores, banquetes y vino, la música era elegante.
Yusuf, nervioso, vio entrar a Ishtare, acompa?ada de su padre, vestida con un hermoso vestido color crema.
—Qué hermosa se ve —susurró Yusuf.
—Te entrego mi joya más preciada. Cuídala —dijo el Rey de Moab. —Lo haré.
Yusuf tomó la mano de Ishtare. El Sacerdote Deh unió a las dos naciones. Encendieron antorchas que apagaron en un recipiente con agua.
El Sacerdote dio un plato con líquido rojo. Yusuf puso un punto en la frente de Ishtare.
—Yo, Yusuf, como Soberano de Hai, prometo cuidarte, amarte y ser fiel a ti y ante los dioses.
Ishtare le puso un punto a él.
—Yo, Ishtare, Princesa de Moab, prometo amarte, respetarte y ser fiel hacia ti y ante los dioses.
—Así te convierto en mi Reina. —Y así me convierto en tu Reina.
—Ante esta unión y los votos matrimoniales, los declaró, Rey y Reina.
Todos aplaudieron el casamiento. La fiesta continuó. Yusuf le regaló la corona de oro más hermosa a Ishtare.
Al día siguiente, el Rey de Moab se fue. Ishtare lo abrazó con fuerza y lo vio partir hasta que las puertas se cerraron.
Unas semanas después, Ishtare tenía una noticia.
—Te tengo que decir algo, amor —dijo Ishtare. —Dime. Me estás poniendo tenso. —Estoy embarazada.
—?Que! ?Estás segura? —Sí, amor, no se me ha bajado el ciclo.
La emoción de Yusuf fue desbordante. La cargó, gritando: —?VOY A SER PADRE! ?Soy el más afortunado!
—Y yo más, amor. Amaremos a este hijo que llevo en el vientre. —Le daré todo nuestro amor.
Pasaron los meses. Ishtare caminaba por el jardín.
—Algún día, mi bebé, conocerás las flores, te lo aseguro. Cuando nazcas, te daré mi amor como madre. Me oyes, mi bebé.
El bebé pateó. —Te daré mi todo.
Natif comentó: —El bebé está alegre de saber que usted le dará su amor.
En la Sala del Trono, Yusuf le decía al Sacerdote Deh: —Quiero una ni?a. Si hay un reino que necesita alianza, lo haré con mayor placer. Si nace un ni?o, será diferente. Usted piensa sabio.
Días después, Ishtare sintió un dolor fuerte. —Natif, uffff, me duele. —Quiere que llame a la partera, Soberana. —Yo creo que sí, me duele uffff.
Natifa vio la fuente rota. —?Rompió fuente, mi Soberana!
—?SIERVAS! ?Agua, trapos rápido! ?Alguien llame al Soberano AHORA!
La sierva fue corriendo hasta llegar a la sala del trono y entrando
Yusuf: como osas entrar a la sala del trono sin ser llamada
Sierva 2: Mi soberano, disculpe, pero su esposa está en el parto
Yusuf: mi esposa, ella, ya va a nacer mi hijo, debo ir donde esta
Sierva: en sus aposentos
Yusuf fue con el comandante y la sierva también...
Yusuf llegó y escuchó el dolor. —Estoy nervioso, mira mis manos. —Calma, Soberano.
Ishtare empujaba con la fuerza de una leona hasta que...
—?Nació! ?Es una ni?a! —anunció Natif. El llanto llenó la habitación.
Yusuf entró. —Por fin nació.
Natif le entregó la bebé a Ishtare.
—Es muy hermosa. Te llamarás Lizarel, que significa Flor de Fuego, peque?a.
Ishtare le dio un beso a su hija.
—Se parece a ti. Sus ojos azules, el mismo cabello casta?o —dijo Yusuf.
La fiesta de bienvenida duró días. Todos celebraban a la nueva Princesa Lizarel. Ishtare y Yusuf se alegraban, pero mientras ella celebraba a su hija como amor, él la veía como el activo político que él quería.
La Reina Ishtare amaba a su hija recién nacida más que nunca, pero esa felicidad y ese amor se desvaneciera....

