Las dos siluetas que Lyra habÃa visto desde la distancia eran claras ahora.
Kael y Apocalips.
El campo de batalla estaba irreconocible. Cráteres, grietas y energÃa residual vibraban en el aire. Kael habÃa logrado herir gravemente a Apocalips con su último ataque… pero el precio habÃa sido alto.
Su respiración era inestable.
La marca en su pecho ardÃa.
Aquel poder prestado… cobraba cada segundo.
Apocalips apareció frente a él de repente.
Un golpe certero lo lanzó por los aires.
Antes de que pudiera estabilizarse, el dios lo alcanzó y, con una patada descendente, lo estrelló contra el suelo levantando una nube de polvo y luz fragmentada.
Kael intentó levantarse… pero sus fuerzas fallaban.
Apocalips descendió lentamente y lo tomó por el cuello, elevándolo.
—?Eso era todo? —se burló—. El supuesto protector…
Kael apenas podÃa responder.
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A lo lejos, Lyra apretó los pu?os.
—Reaper, más rápido.
Pero cuando llegaron… parecÃa tarde.
Kael colgaba sin fuerza, su mirada perdiendo brillo.
Apocalips lo levantó más alto, disfrutando el momento.
Y entonces…
Kael la vio.
Entre el humo y la destrucción… Lyra caminaba hacia él.
Por un instante creyó que era una ilusión. Un recuerdo creado por su mente agotada.
—Ly…ra… —murmuró, estirando débilmente su mano hacia ella.
Al ver eso, Apocalips sonrió con crueldad y lanzó un ataque directo hacia Lyra.
Kael intentó liberarse desesperadamente… pero el agarre era firme.
En el último segundo, Reaper apareció frente a ella, desviando el impacto con su propio cuerpo.
La explosión iluminó el cielo.
Lyra no retrocedió.
Miró a Kael con firmeza.
—No te rindas —gritó—. No puedes hacerlo. No te lo permito… No ahora que estoy aquÃ.
Esas palabras atravesaron el ruido.
Atravesaron el dolor.
Atravesaron el cansancio.
Algo dentro de Kael volvió a encenderse.
Su mirada recuperó claridad.
Con su mano libre comenzó a concentrar energÃa. La luz y la Materia X respondieron, aunque su cuerpo temblaba por el esfuerzo. Con la otra mano sujetó con fuerza el brazo de Apocalips.
El dios intentó soltarse.
Empujó.
Tiró hacia atrás.
Pero el agarre de Kael no cedÃa.
—?Qué…?
La energÃa en la palma de Kael creció hasta iluminar todo el campo.
—Hasta nunca… —susurró con una leve sonrisa—. Fue un combate sin igual.
Y liberó el ataque.
La luz no explotó con violencia descontrolada.
Fue un destello puro.
Silencioso.
Absoluto.
La figura de Apocalips comenzó a desvanecerse lentamente, como sombras disipadas por el amanecer.
Su expresión pasó de furia… a incredulidad.
Y finalmente… desapareció.
El viento volvió a moverse.
El cielo se aclaró.
Kael cayó de rodillas, exhausto… pero consciente.
La batalla habÃa terminado.
Fin del capÃtulo. ?

