Kaelion y los demás habían regresado,después de despedirse de zharet.
El camino de vuelta fue silencioso, más pesado de lo que cualquiera esperaba. Aunque en el fondo se sentían aliviados por saber que Zharet los había perdonado, la verdad era imposible de esquivar.
Zharet ya no estaba en este mundo.
Y una pregunta se repetía, insistente, cruel, en la mente de todos:
?Cómo se lo dirían a Nymeria?
Al llegar, se despidieron sin demasiadas palabras. No hubo bromas, ni discusiones, ni risas. Cada uno se encerró en su casa con sus propios pensamientos, como si el mundo se hubiera encogido de golpe.
Esa noche, nadie durmió bien.
Pero hubo alguien que no durmió en absoluto.
Kira.
Cuando el amanecer comenzó a te?ir el cielo, tomó una decisión. Sin decirle nada a nadie, salió de casa y se dirigió al único lugar que sentía correcto.
El hogar de Nymeria.
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Tocó con cuidado.
Pasaron unos segundos antes de que la puerta se abriera.
—Kira… —dijo Nymeria, sorprendida—. ?Ocurre algo?
Kira tragó saliva.
—?Podemos hablar un momento?
Nymeria asintió sin dudar y la dejó pasar.
Se sentaron frente a frente. El ambiente era tranquilo, demasiado tranquilo para lo que estaba por decirse. Nymeria observó a Kira con atención, notando su nerviosismo.
—Dime —dijo con suavidad—. Te escucho.
Kira respiró hondo.
—Nymeria… nosotros… encontramos a Zharet.
Los ojos de Nymeria se iluminaron de inmediato.
—?De verdad…?
Pero esa luz se apagó casi al instante.
Kira bajó la mirada.
—él… ya no está en este mundo.
El silencio cayó como una losa.
Nymeria no habló. No lloró. No gritó. Solo cerró los ojos durante unos segundos, como si estuviera ordenando su corazón antes de permitirle sentir.
Kira continuó, con la voz temblorosa.
—No murió… al menos no como conocemos la muerte. Simplemente… se desvaneció. No nos explicó por qué. No nos dijo nada más.
Apretó los pu?os.
—Y… lo siento. Siento haber arruinado su último día con todos. Siento no haber sido suficiente. Siento…
No pudo seguir.
Nymeria se levantó y se acercó a ella. Con un gesto lento y lleno de ternura, la abrazó.
—Kira —dijo con una sonrisa maternal—. No tienes la culpa de nada.
Kira sintió que el pecho le ardía.
—Me alegra que hayan ido a buscarlo —continuó Nymeria—. Me alegra que no estuviera solo. Me alegra saber que… fue perdonado y que también pudo perdonar.
Se separó apenas para mirarla a los ojos.
—A veces, el final no es lo que esperamos. Pero eso no significa que sea malo.
Kira asintió, incapaz de contener las lágrimas.
—Todo estará bien —dijo Nymeria, acariciándole el cabello—. De verdad.
En ese abrazo no había despedida.
Solo comprensión.
Y así, en silencio, terminó el día que nadie quiso que llegara.

