Ya había llegado el momento de presentar el proyecto que la profesora Dahlia había asignado a toda la clase. Esa ma?ana, Adrián tenía la lección a tercera hora, por lo que disponía de dos horas extra para pulir cualquier detalle. Sabía que el resultado debía ser impecable; no se conformaba con menos que ser el mejor.
Se sentía algo perezoso. Eran apenas las siete y sabía que debía ponerse en pie de inmediato si no quería llegar tarde a la primera sesión. Sin embargo, no lograba sacarse de la cabeza la imagen de Selene enrollando un mechón de cabello entre sus dedos. Había algo en ella que le atraía, aunque no sabía exactamente cómo interpretarlo, especialmente siendo consciente de lo fría y calculadora que podía llegar a ser.
Se levantó y abrió la ventana de su dormitorio. El cielo estaba encapotado, como casi siempre en Dragonhall; una penumbra grisácea que apenas dejaba entrar luz natural en la estancia. Tras ducharse, comenzó a prepararse. Adrián era un joven alto, de 1.80, con el cabello moreno peinado hacia atrás y una mirada negra tan intensa que desprendía una fuerza arrolladora. Siempre había lucido algo de barba, pero en la academia lo obligaron a afeitarse, muy a su pesar.
Extendió el uniforme sobre la cama: pantalón negro, camisa blanca y una chaqueta de estilo militar contemporáneo. El dise?o tenía un aire futurista que, curiosamente, evocaba la elegancia del Renacimiento; una combinación que a él le fascinaba.
Cogió su libro rojo, aquel donde llevaba plasmada toda la historia, y abandonó la habitación. Al cruzar el umbral, la puerta se codificó automáticamente a sus espaldas. Al darse la vuelta, se topó con su compa?ero Marcus.
—Eh, ?Qué pasa, Adrián? ?Cómo has pasado la noche? —le saludó su amigo—. ?Le tienes miedo a la clase de la se?orita Dahlia? Es para tenerlo, la verdad. Dicen que mete mucha ca?a, pero lo entiendo: aquí tenemos que llegar a ser los mejores. No estamos en una academia normal; esto es mucho más peligroso y es lógico que el nivel de exigencia sea así.
Marcus continuó hablando mientras empezaban a caminar:
—Ahora tenemos que ir al Salón de los Espejos, acompá?ame, que yo sé dónde es. Nos toca con el profesor Silas Grieve. Me han dicho que sus clases son complicadas porque juegan con tu mente; te ponen al límite usando tus miedos y cuestionan tu forma de evaluar cada situación para ver cómo reaccionas. Yo no me quiero obsesionar, Adrián, pero va a ser difícil que a mí me salga bien... ?si me distraigo hasta viendo pasar una mosca! —soltó una carcajada.
Marcus aportaba siempre esa chispa de humor que aliviaba la tensión. Adrián pensó que harían buenas migas; él era observador y serio, mientras que Marcus era su polo opuesto, incluso algo patoso. Mientras bajaban por la escalera principal hacia la primera planta, Marcus tropezó y estuvo a punto de caer sobre otro estudiante. El chico lo fulminó con la mirada, como advirtiéndole que tuviera más cuidado por donde pisaba.
Al llegar al aula, Marcus le susurró:
—Me voy a sentar a tu lado, si no te importa. Así me sentiré más acompa?ado en esta aventura.
Se acomodaron en las primeras mesas que encontraron. El aula era imponente, repleta de espejos de tecnología avanzada que flotaban en el aire. Estaban vinculados a un sistema de conciencia colectiva; en cuanto los alumnos entraban, los espejos se activaban, proyectando la versión más oscura de cada uno. Era una distracción constante, una prueba de fuego para medir su capacidad de concentración mientras el profesor impartía la lección.
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Mientras Marcus seguía parloteando, Adrián se percató de la entrada de Selene e Iris. Ambas llegaban apresuradas, como si el tiempo se les hubiera echado encima. Selene fijó sus ojos en los de Adrián y él sostuvo la mirada. No hubo sonrisas, solo un reconocimiento mudo y eléctrico antes de que ella caminara rápidamente hacia su asiento para no interrumpir el inicio de la clase.
Bueno a ver si ya podemos empezar dijo el profesor Silas Grieve , me presento soy Silas Grieve y a partir de hoy os voy a dar la clase de Psicología del asesino y sus perfiles .
Silas Grieve se paseó frente a la pizarra holográfica. El brillo azulado de los datos se reflejaba en sus gafas circulares, dándole un aspecto de insecto depredador. Los espejos del aula vibraron ligeramente cuando empezó a hablar.
—En esta academia no nos interesan los aficionados —sentenció Grieve, bajando aún más el tono de voz—. Nos interesa la excelencia en la ejecución. Hoy vamos a estudiar las dos caras de la misma moneda. Dos depredadores que caminan entre nosotros, pero que ven el mundo de formas radicalmente distintas.
Grieve hizo un gesto con la mano y dos figuras humanas, formadas por puntos de luz roja, aparecieron en el centro del salón.
—Abran sus cuadernos. Vamos a analizar los perfiles del Psicópata Organizado y el Psicópata Desorganizado .
1.El Psicópata Organizado : " El Arquitecto del Caos "
—Este es el perfil que la mayoría de ustedes aspira a ser —dijo Grieve, se?alando la primera figura, que vestía un traje impecable en el holograma—. El psicópata organizado es inteligente, metódico y, lo más peligroso de todo: posee un encanto superficial arrollador.
Grieve se detuvo y miró fijamente a Adrian.
—No lo verán venir. Es el vecino perfecto, el estudiante de honor, el líder. Su mente funciona como un cronómetro suizo. Planifica cada detalle meses antes de actuar. No improvisa. Elige a su víctima por una razón específica, la estudia, conoce sus horarios y sus miedos. Cuando golpea, lo hace en un lugar controlado. No deja pruebas, no deja rastro y, lo más importante, sabe cómo manipular la escena para que la culpa caiga en otro .
Su motivación no es la rabia, es el control absoluto.
2.El Psicópata Desorganizado : " La Bestia Impulsiva "
El profesor caminó hacia la segunda figura, que se movía de forma errática y nerviosa.
—A diferencia del anterior, el psicópata desorganizado es puro instinto. A menudo tiene una inteligencia inferior a la media o padece trastornos mentales graves. No planifica. Su ataque es una explosión de violencia súbita, impulsada por voces en su cabeza o una rabia incontrolable.
Grieve cruzó los brazos tras la espalda, observando la reacción de asco en algunos alumnos.
—Sus escenas son caóticas. Sangre por todas partes, pruebas olvidadas, armas dejadas en el lugar. Eligen a sus víctimas por oportunidad, porque estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. Pero no se confundan: son igual de letales. Son impredecibles, y lo que les falta en inteligencia, lo compensan con una ferocidad animal. El desorganizado no quiere control; quiere aliviar una presión interna que lo está devorando por dentro.
Silas Grieve apagó los hologramas de un plumazo. El Salón de los Espejos volvió a mostrar los reflejos distorsionados de los estudiantes.
—Ahora —continuó Grieve con una sonrisa gélida—, miren a su alrededor. Miren los espejos. En Dragonhall les ense?aremos a ser Arquitectos, pero si no dominan su mente, terminarán siendo Bestias.
Adrián sintió un nudo en el estómago. Miró a Marcus, que estaba garabateando nerviosamente en su libreta, y luego buscó a Selene. Ella no tomaba notas; simplemente miraba al profesor con una expresión que Adrián no lograba descifrar. ?Qué perfil encajaría mejor con ella? ?O con él mismo?
—Vane —la voz de Grieve lo sacó de sus pensamientos—, si tuvieras que eliminar a un enemigo para proteger tu trono... ?preferirías el bisturí del Arquitecto o el hacha de la Bestia?

