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EL RIGOR DEL CENIT Y DEL ALBA

  El día avanzó bajo un sol implacable, casi como si Solaris estuviera observando desde lo alto para asegurarse de que nadie flaqueara.

  Kael pasó horas cargando rocas y manteniendo la posición de defensa con el escudo pesado bajo el sol. Helión no le permitía bajar el brazo ni un milímetro. "?Si el escudo cae, el Reino cae!", le rugía el espíritu. Kael sentía que sus fibras musculares se desgarraban, pero cada vez que miraba a Sora, apretaba los dientes y aguantaba. Estaba aprendiendo que su papel era ser el ancla, la base sobre la cual todos los demás estarían a salvo.

  Por otro lado, Sora luchaba con el arco. Eos no le permitía usar flechas reales todavía. Lo hacía tensar la cuerda y mantener la vista fija en una hoja que caía del árbol. "Siente el viento, Sora. La luz no viaja en línea recta si el aire no la deja", le susurraba ella al oído. Al principio, Sora fallaba por mucho, pero para el final de la tarde, empezaba a anticipar el movimiento de las hojas antes de que se desprendieran de la rama.

  Al caer la noche, los hermanos se desplomaron cerca de la hoguera. Sora, recuperando su espíritu travieso, aprovechó un descuido de Kael y Helión —que estaban discutiendo tácticas de bloqueo— para espolvorear unas hierbas silvestres muy picantes que Eos le había ayudado a encontrar en la comida de los "serios".

  —?SORA! —el grito de Kael se escuchó en todo el bosque cuando dio el primer bocado, mientras Helión, en su forma espiritual, tosía chispas doradas por la indignación.

  Sora y Eos estallaron en carcajadas, contagiando incluso a Gideon, quien disfrutaba de ver que, a pesar del horror que habían vivido, aún quedaba algo de infancia en ellos.

  Sin embargo, cuando la risa se apagó, Gideon se puso en pie y su rostro recuperó esa seriedad gélida que solo tenía cuando la guerra estaba cerca. Miró a Solaris, quien asintió con un brillo peligroso en los ojos.

  —Han trabajado duro hoy, pero el entrenamiento físico es solo la mitad del camino —dijo Gideon, desenvainando su espada corta—. La teoría se acaba aquí. Antes de que cierren los ojos para dormir, les tengo una última sorpresa.

  Gideon caminó hacia el centro del claro y trazó una línea en la tierra con la punta de su bota.

  —Solaris me dice que sus espíritus están ansiosos por probar la resonancia real. Así que no van a dormir hasta que logren golpearme. Kael, Sora... los dos contra mí. Ahora.

  Helión y Eos se materializaron de inmediato al lado de sus portadores, sintiendo el cambio en el aire. No era una práctica amistosa; Gideon emanaba una presión asesina controlada.

  —?Prepárense! —rugió Solaris desde el hombro de Gideon—. ?Si no pueden coordinarse aquí, Malacor los convertirá en polvo antes del amanecer!

  La tensión en el aire se podía cortar con un cuchillo. Gideon los observaba con una calma gélida, mientras Solaris, en su forma espiritual, brillaba con una intensidad cegadora.

  This tale has been unlawfully lifted from Royal Road; report any instances of this story if found elsewhere.

  Kael y Sora se miraron. No necesitaban palabras; a?os de sobrevivir juntos se resumieron en un sentimiento. Cerraron los ojos, buscando esa chispa de fuego y ese destello de alba que vivía en su interior. Susurraron las palabras que sus espíritus les habían grabado en el alma, para luego rugirlas al cielo:

  —?HELIóN, SURGE Y DAME TU FUERZA! —bramó Kael, mientras su escudo se encendía en llamas ámbar.

  —?EOS, ILUMíNAME CON TU LUZ! —gritó Sora, y su cuerpo pareció volverse etéreo, rodeado de destellos plateados.

  La unión fue instantánea. El aura que emanaba de los hermanos no tenía la elegancia veterana de Gideon, pero poseía una fuerza cruda y salvaje.

  —Así que esto es estar en resonancia... —murmuró Kael, sintiendo el calor de Helión en cada fibra de sus músculos.

  —Claro que sí, compa?ero —respondió Helión en su mente—. Pero esto es solo una chispa del incendio que podemos llegar a ser.

  Sora, por su parte, sentía que sus pies apenas tocaban el suelo. Eos le susurraba secretos sobre la luz y el viento.

  —Espero que utilices bien mi poder, Sora —dijo Eos—. Ataca como te ense?é.

  Gideon, viendo el brillo en los ojos de sus alumnos, sonrió de lado. La diversión se había acabado.

  —Solaris, emerge y dame tu poder —ordenó con calma.

  A diferencia de otras veces, la transformación de Gideon fue sutil, casi invisible. No buscaba impresionar, sino ser eficiente.

  —Esta resonancia está apenas al 25% de capacidad —advirtió Gideon mientras su espada emitía un zumbido letal—. Así que espero que se esfuercen o les patearé el trasero.

  Sora no esperó. Tensó su arco y una flecha de luz pura silbó por el aire.

  —?Detén esto, Gideon!

  Para el maestro, la flecha era lenta. La desvió con un movimiento seco de su mu?eca, pero eso era exactamente lo que los hermanos planeaban. Aprovechando la distracción, Kael se lanzó como un proyectil.

  —?Veamos qué tan bueno es, maestro! —rugió Kael, descargando una feroz ráfaga de golpes con su escudo y pu?os.

  Gideon bloqueaba con precisión quirúrgica, moviendo su espada lo justo para neutralizar cada impacto.

  —Vamos, amigo, ?esfuérzate más!

  Kael retrocedió un paso, sus pies cavando surcos en la tierra. El aura de Helión se concentró en su escudo hasta que este brilló como un sol en miniatura.

  —?Está bien, maestro! ?Te mostraré algo! ?ESCUDO METEORO!

  Como una bola de fuego, Kael cargó hacia adelante. El impacto fue masivo. Gideon bloqueó con ambos brazos, pero la fuerza del empuje fue tal que salió volando varios metros hacia atrás.

  —?Bien, hermano! ?Mi turno! —gritó Sora viendo a su maestro en el aire—. ?ESPEJISMOS DE LUZ!

  Una luz cegadora envolvió a Sora, y de ella surgieron tres copias idénticas. Mientras Gideon aún se recuperaba del golpe de Kael, los cuatro "Soras" cargaron flechas cargadas de energía y dispararon al unísono a una velocidad mucho mayor.

  Gideon intentó cubrirse, pero las flechas de luz impactaron en su armadura y a su alrededor, derribándolo finalmente. Un silencio cayó sobre el claro del bosque. Gideon se levantó lentamente, limpiándose un poco de polvo del hombro y soltando una carcajada honesta.

  —Me vencieron unos ni?os... jaja. Ya estoy algo viejo.

  —?SíIIII! ?Vencimos al fin! —gritaron los hermanos al unísono, chocando las manos mientras sus espíritus celebraban.

  —gritaron al unísono, chocando las manos mientras sus espíritus celebraban en sus mentes.

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