Luego de que Manahu destruyera la caba?a, se la pasó tirado en el suelo por varios minutos, con la mirada perdida hacia el cielo. Afortunadamente ninguna Bestia del Silencio escuchó el escándalo. Los tetloch y yo lo intentamos molestar para que reaccionara, pero simplemente se encerró en una barrera. Me quedé sentada a su lado intentando animarlo. Extra?o: hasta ahora había sido al revés. Luego de unos minutos sin respuesta comencé a remover los escombros para salvar todo lo que se pudiera.
Eventualmente Manahu se levantó y comenzó a hacer una especie de ?sopa? Secó cáscaras de dulcinigra, las pulverizó, las mezcló con ceniza, las hirvió y al final quedó una espesa pasta roja.
—T: Ew... ?vamos a comer eso?
—M: No es comida.
—T: ?Uh? Entonces...
—M: Siéntate, te voy a pintar el cabello.
—T: ...?Eh?
Y tras unos minutos estaba sentada en una roca mientras Manahu te?ía mi cabello. Se sentía como si hubiera vuelto a ser el mismo gru?ón del primer día.
—T: No fue mi culpa.
—M: Lo sé.
—T: ?Entonces por qué me castigas?
—M: ?De qué estás hablando?
—T: Esto... ?no es una forma de castigo?
—M: No. ?Acaso en tu mundo lo es?
—T: No realmente. En todo caso cortar el cabello sí lo sería, pero entonces ?por qué me lo estás ti?endo?
—M: ?Recuerdas el primer día? Cuando te pregunté si eras un soldado de Steelson.
—T: Creo que sí. ?Qué tiene que ver eso? Nunca me dijiste quiénes son.
—M: Otra nación. Hace 11 a?os hubo una guerra contra ellos. Atloxokli ganó, pero... muchas personas perdieron la vida.
Se mantuvo callado unos segundos cerrando los ojos antes de continuar.
—M: La gran mayoría tienen cabello y ojos grises. Si bien hace poco se les volvió a permitir la entrada, algunos les seguimos guardando odio. Con ese cabello tuyo es casi seguro que no te traten de la mejor forma en la capital.
?Una guerra? ?Odio?... Creo que comienzo a entender por qué casi nunca habla de su familia.
—T: Pero ?no sería peor si alguien se entera que estoy ocultando mi color de cabello? Y además aún están mis ojos. Dudo que aquí existan pupilentes.
—M: Está bien. Son unos fanáticos. Cualquiera que se atreva a te?ir su cabello es mal visto por su propio pueblo. Realmente no es para ocultarte, es para verte menos... desagradable.
—T: Wow, gracias. Debes ser muy popular entre las chicas.
—M: ...Lo siento. Lo que quise decir es...
—T: Está bien, creo que se lo quisiste decir... Sabes, cuando estaba en mi mundo, mis padres nunca me dejaban te?írmelo y mi hermano decía que mi cabello natural se veía más hermoso que cualquier otro color que pudiera tener... Yo no estaba de acuerdo, pero... creo que comienzo a extra?ar mi cabello negro. Me pregunto qué dirían si me vieran ahora.
Comencé a recordar todas las discusiones con mis padres sobre el asunto. Eran bastante estrictos con algunas cosas. Nunca entendí qué problema había con te?irme el cabello, pero justo ahora, desearía que estuvieran aquí para rega?arme.
—M: No lo sé, pero estoy seguro de que estarían felices de verte.
—T: Sí, seguro lo estarían.
Imaginé cómo sería estar nuevamente con mi familia: abrazarlos, decirles lo mucho que los quiero. Sequé las lágrimas que comenzaban a escapar de mis ojos.
—T: Por otro lado... ?cómo es que sabes hacer esto?
—M: ...Yo... solía ayudar a mi padre a te?ir el cabello de mi madre. Era una maga de fuego, así que le gustaba estar "acorde" a su elemento.
A pesar de su voz monótona, podía sentir dolor detrás de sus palabras. Supongo que no soy la única en este mundo que sufre después de todo.
Pasamos el resto del día ti?endo mi cabello. En la noche estábamos recostados boca arriba en la intemperie, bajo el maravilloso cielo estrellado. Los tetloch acurrucados uno junto al otro al lado de la fogata.
—T: Sabes, si no fuera por el "minúsculo" hecho de que no sé cómo llegué o cómo volver, no me molestaría venir a este mundo de vez en cuando. Su cielo es más hermoso que el del mío. Me gustaría tener mi telescopio.
—M: Hmm, también me parece bello, aunque para mí es el cielo de siempre. Supongo que por eso no lo aprecio lo suficiente. Por cierto, ?qué es un telescopio?
—T: Oh, cierto. Bueno, verás, un telescopio...
Pasé varios minutos explicándole sobre los planetas, sistemas estelares, galaxias y todas las maravillas del universo —al menos del mío—. Y, a diferencia de la explicación de lo micro, Manahu pareció entender mejor esta vez.
—M: Ya veo... entonces así es como funciona. Aunque me es algo difícil imaginar distancias y tama?os tan abismales.
—T: A decir verdad, no creo que alguien pueda en realidad. Supongo que la mente humana simplemente no está hecha para hacerlo.
—M: Oye... ?crees que tu mundo esté allá afuera?
—T: Lo dudo. Es cierto que nuestros universos parecen compartir leyes similares —no creo poder estar viva de ser diferente—, pero incluso si no la podemos usar, definitivamente habríamos descubierto la magia si existiera en el nuestro. Bueno... existen los magos, pero es un tipo de "magia" diferente.
—M: ?En qué sentido?
—T: Bueno...
La noche transcurrió mientras contaba enérgicamente todo tipo de historias de mi mundo. En realidad esto cada vez se sentía más como un campamento; solo hacían falta algunos malvaviscos y una guitarra. Sonreí: de alguna manera se sentía similar a todas las noches de pláticas con mis amigas. Entre plática y plática, eventualmente caí dormida.
If you stumble upon this narrative on Amazon, it's taken without the author's consent. Report it.
A la ma?ana siguiente usamos las maderas para hacer una carreta improvisada, una jaula para los tetloch, juntamos todo lo útil y de valor y comenzamos nuestro viaje hacia la capital. Era algo pesado; tirábamos de la carreta subiendo hacia la punta de las monta?as. Conforme nos íbamos alejando del bosque, irónicamente el camino parecía más y más animado. Se escuchaba el sonido de las aves y de peque?os insectos. Por su parte, Manahu se veía con mirada cansada y se la pasaba bostezando; probablemente se había pasado vigilando toda la noche.
—T: Es una pena lo de tu caba?a.
—M: Pareces más triste que yo.
—T: Bueno, me estaba acostumbrando a ella. Incluso si era peligroso, de alguna forma me hacía sentir segura. Pero de todos modos, si me quedaba probablemente nunca encontraría una forma de volver a mi mundo.
—M: ...Quiero que sepas que sigo sin estar seguro si podremos encontrar alguna manera de hacerlo.
—T: Lo sé, pero como dicen en mi mundo: "la esperanza es lo último que muere".
—M: ...Supongo que es una buena forma de pensar.
Hacíamos peque?os descansos de vez en cuando. A diferencia de Manahu, aún no puedo usar magia de luz adecuadamente para fortalecer mi cuerpo, pero para mi fortuna soy bastante atlética. En mi mundo solía practicar karate. "Supongo que no es mala idea retomar el ejercicio". Mientras me perdía en mis pensamientos, una figura en el camino llamó mi atención: un se?or mayor cubierto con una tela, caminaba jorobado, lentamente con un bastón. Parecía cansado, así que me acerqué.
—T: Uh... Buenas tardes, se?or. ?Necesita ayuda? ?Va hacia la capital? Puede acompa?arnos si usted...
Manahu, quien estaba tomando una peque?a siesta, se despertó al escucharme hablar y...
—M: ?Uh? ?Titla, con quién...? ?ALéJATE DE ESA COSA!
—T: ?Eh? Pe...
Volteé a verlo. Se paró de golpe; sus ojos estaban completamente abiertos. Y al volver mi mirada hacia el se?or pude ver cómo su mano se dirigía velozmente hacia mi pecho. Cerré los ojos cubriéndome del golpe con mis brazos. Momentos después escuché como algo impactó. Al volver a abrir los ojos me encontraba dentro de una barrera. La mano de aquel anciano había chocado contra ella. Y al observarlo mejor me di cuenta: no tiene mandíbula, es extremadamente delgado y pálido. Claramente no es humano.
—T: ?Qué... qué es eso?
Aún sin entender lo que estaba pasando, la barrera desapareció y sentí como era jalada hacia atrás hasta terminar detrás de Manahu, quien se lanzó directamente hacia aquella criatura y blandió su espada contra él. La criatura se cubrió con sus brazos y bastón. Trató de atacar a Manahu, pero este se defendía con barreras. Tras un par de impactos más, Manahu logró cortarle los brazos y finalmente asestó un golpe en su cuerpo. La criatura cayó al suelo. Los cristales de la espada se iluminaron liberando una cuchilla de agua al mismo tiempo que cortaba con la espada, separando la cabeza del cuerpo. La sangre comenzó a formar un peque?o charco sobre la tierra. Me quedé observando la escena sin palabras.
—M: ?Pero qué carajos? ?Por qué esta cosa est...?
Y sin dar tiempo a respirar, un fuerte dolor en mis oídos se hizo presente.
—T: ?Ahhhh!
—M: ?Ughhhh!
Un intenso y agudo sonido penetraba a través de mi cabeza. Rápidamente cubrí mis oídos, pero no ayudó mucho. Tras unos momentos el sonido se detuvo. Volteé alrededor confundida. Manahu había conjurado otra barrera. Al verlo pude notar una ligera mueca de dolor, pero él estaba concentrado mirando hacia el cielo. Y allí había lo que parecía un murciélago gigante.
—M: No dejes de cubrirte los oídos. Voy a bajar la barrera.
Los cristales de la espada se volvieron a iluminar y justo en el momento que bajó su barrera se hizo presente aquel chillido infernal. Al mismo tiempo múltiples cuchillas de agua se dirigieron hacia el cielo dando de lleno contra una de las alas del murciélago. El sonido paró y este cayó hacia el suelo. Nos acercamos hacia él. Se encontraba retorciéndose y al vernos volvió a atacarnos con ese sonido. Manahu rápidamente lo terminó de rematar con una estaca de hielo en el pecho. Tras unos segundos de agonía finalmente se quedó quieto.
—T: ?Qué... son esas cosas?
Observé más de cerca el murciélago. Era tan grande como un humano, tenía enormes colmillos afilados que sobresalían de su boca y uno de sus brazos parecía formar una gran cuchilla con sus garras.
—M: El primero era un "Cara Rota". Este de aquí es un "Murciélago de la Muerte". Pero no lo entiendo: no deberían atacar a plena luz del día.
Mientras Manahu se quedó pensativo, yo veía incrédula los cuerpos de aquellos monstruos. Ya sé que estoy en otro mundo, pero ver esas... cosas hace que quiera salir corriendo como el primer día que llegué. Mi mirada se posó nuevamente en la primera criatura.
—T: Manahu, ?qué... qué me hubiera pasado si... no hubieras despertado?
Mi pregunta lo sacó de sus pensamientos y, luego de voltear a verme, volvió a apartar la mirada.
—M: ...Te hubiera arrancado el corazón. Es lo que hacen: enga?an a la gente para que se acerquen a ellos, justo como a ti.
—T: ?Mi... corazón?
Al mismo tiempo este comenzó a latir fuerte y rápidamente. Incluso comenzaba a escucharlo. Llevé una mano al pecho y pude sentir cómo golpeaba fuertemente contra él. Muerte... ni siquiera ha pasado 1 día fuera del bosque ?y ya estuve a punto de morir? ?Qué habría pasado si Manahu reaccionara 1 segundo tarde? ?De verdad podré encontrar una manera de volver? ?Y si muero antes de lograrlo? No, no puedo, no lo lograré, no lo lograré, no lo lograré... Mi respiración se hacía pesada, el aire no lograba llenar mis pulmones, el mundo se borraba. Pero justo en ese momento una mano se posó sobre mi hombro.
—M: Ey, despierta. Te estás alterando. Sé que eso estuvo cerca, pero estás viva. Dudo mucho que nos encontremos con más de estas cosas. Además, una vez que lleguemos a la capital habrá pasado lo más peligroso. Solo... respira, ?bien?
"Es cierto, estoy viva. Mientras lo esté, siempre hay una posibilidad de poder volver. Solo debo seguir así hasta encontrar la manera". Cerré los ojos, llevé mis manos a mi rostro, respiré a través de ellas. Poco a poco, tras varios segundos, mi respiración y ritmo cardiaco iban disminuyendo más y más hasta casi volver a la normalidad. Tomé una profunda respiración llevando mis manos a mi pecho y volví a abrir los ojos.
—M: ?Te encuentras mejor?
Aún seguía algo alterada, pero por ahora era controlable.
—T: Sí, creo que sí... Gracias por no darme una cachetada esta vez.
—M: De nada. Solo, de ahora en adelante aléjate de cualquier cosa que parezca mínimamente sospechosa y no te separes de mí. Recuerda que ya no estás en tu mundo.
—T: ...Lo sé.
Luego de que Manahu se volviera a asegurar de que los monstruos estaban muertos, una voz a lo lejos llamó nuestra atención. Al voltear pude ver a 2 extra?os acercándose mientras corrían. Mi corazón comenzó a latir más rápido conforme se acercaban, pero Manahu colocó nuevamente la mano sobre mi hombro, tranquilizándome. Eventualmente una mujer llegó hasta nosotros.
—??: Hola, hola... ay... muchas gracias. Esos malditos monstruos no nos dejaban pasar. En serio, gracias por matarlos.
Era... rara, pero no en el mal sentido. De hecho... era algo bonita, al menos su rostro. Por lo demás... orejas de gato, cola y pelaje en algunas partes de su cuerpo... Me recordaba a los jaguares y definitivamente parecía una clase de híbrido animal-humano de las historias de fantasía de mi mundo. Detrás de ella estaba ?un hombre?, pero era diferente: parecía menos humano y más un pájaro gigante humanoide. Si tuviera que compararlo con algo, supongo que lo más parecido sería un águila. Ahora que lo pienso, son las primeras "personas" que veo después de Manahu. ?Podría ser que él sea el "bicho raro"? Aún asustada por el encuentro anterior volteé a verlo. él asintió con la mirada indicándome que la situación, al menos por ahora, era segura.
—águila: Sí, llevamos toda la tarde esperando a que se fueran, pero simplemente no lo hacían.
—Jaguar: Por cierto, amigo, estuviste increíble. ?Usaste barreras de espacio, no? Y también magia de hielo. Eso es impresionante. Debes ser muy habilidoso para ser avanzado en ambas siendo tan joven.
Parecían amigables. Sonaban aliviados y bastante impresionados por la habilidad de Manahu. ?De verdad es tan raro? Bueno, en algunas ocasiones ya había dicho que es alguien "especial", pero supongo que parece ser más raro de lo que pensé.
—M: De nada y uh... gracias.
—Jaguar: No, gracias a ustedes, de veras. Por cierto... veo que llevan una carreta con ustedes. ?Les parece bien si vienen con nosotros? Tenemos una carreta más grande. Podemos llevarla sus cosas. ?También se dirigen a la capital, verdad?
—M: Sí, pero no hay necesidad de...
—Jaguar: Por favor, insisto. Sin ustedes hubiéramos tenido que rodear o enfrentarnos a los monstruos. Tómenlo como una forma de agradecimiento.
—águila: Sí, de todos modos no parecen viajar pesados. Además no tenemos prisa; no hará ninguna diferencia para nosotros. En serio, queremos darles las gracias de alguna manera.
Manahu pareció pensarlo por unos segundos antes de hablar.
—M: Está bien. De todos modos ya estamos un poco cansados. Gracias. Por cierto, mi nombre es Shilt de Atlan. ?Y ustedes?
"?Eh? Espera, ?Shilt? ?Atlan? No se suponía que él era d..."
—águila: Yo soy Mopat. Mi compa?era es Istla. Somos de Cuavitra. Y tú, jovencita, ?cómo te llamas?
El águila volteó hacia mí y antes de que pudiera responder, Manahu habló por mí.
—Manahu: Ella es Luz. Soy su pareja.
...
?QUé?

