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Capítulo 3: Otro mundo

  Seguía tratando de acomodar mis ideas mientras veía en silencio cómo Manahu preparaba el desayuno: una mezcla de hongos, carne y lo que parecía puré. Colocó platos y vasos en la mesa y procedió a comer en silencio. Miré el plato con sospecha. ?Era seguro comer? Bueno, de todas formas, moriré si no lo hago.

  —T: Ahh... pica.

  Al morder la carne esta me tomó por sorpresa. Rápidamente tomé un gran sorbo de agua.

  —M: Oh, lo siento, olvidé decirte. Supongo que no estás acostumbrada.

  —T: No, está bien. También como picante. Es solo que no esperaba que la carne picara. Quiero decir... ?solo es carne asada, no?

  —M: Es carne de tetloch.

  —T: ?Tetloch?

  —M: Uh... es un peque?o animal, como de este tama?o. Su carne es picante por sí sola.

  Explicaba Manahu haciendo ademanes en el aire... Seguí comiendo soportando el picor. Pese a lo que dije, la carne picaba un poco más de lo que estaba acostumbrada.

  —T: ?Cómo es?

  —M: ?Uh... qué cosa?

  —T: La magia. ?Cómo se siente usarla?

  Guardó silencio por unos segundos llevándose la mano a la barbilla.

  —M: No sabría decirlo en realidad. Se siente... ?cálido?...

  Acto seguido apuntó sus palmas hacia un cubierto. Este comenzó a levitar suavemente en el aire.

  —T: Supongo que es el equivalente a explicarle a un ciego cómo es ver.

  —M: Esa una buena comparación. Es algo natural para mí, así que es un poco difícil de explicar. Aunque no es la primera vez que me lo preguntan. En realidad no todos pueden usar magia.

  —T: ?Eh? ?En serio? Entonces... ?eres alguien especial?

  Una peque?a risa escapó de los labios de Manahu, pero no parecía de alegría. La mirada en sus ojos era extra?a.

  —M: Supongo que se podría decir eso, pero en general diría que 2 de cada 10 humanos pueden. Así que es bastante común en realidad.

  —T: Ya veo...

  El desayuno continuó en silencio. Solo se escuchaba el chocar de los cubiertos contra los platos. Una vez que terminamos, Manahu recogió la mesa y yo me acosté en la cama. Tomé mi celular y abrí la galería... Lágrimas silenciosas brotaban de mis ojos mientras observaba recuerdos. Cada segundo que pasaba solo confirmaba mi realidad actual. Sequí mis lágrimas y me quedé viendo mi reflejo en la pantalla... Me di cuenta de algo... mi cabello parece raro... ?Uh? Rápidamente abrí la cámara...

  —T: ?Ahhhh! —Dejé caer el celular por la impresión.

  —M: ?QUé... qué pasó?

  Manahu se sobresaltó y rápidamente tomó una pose de batalla con varita en mano, observándome.

  —T: Mi... mi cabello... es... es... plateado.

  —M: Bueno... sí... ?cuál es el problema?

  Tomé el celular... No solo mi cabello: mis iris también son plateados.

  —T: Mis ojos también... ?Por qué?

  —M: ?Está todo bien?

  —T: Es solo que... mi cabello... era negro y mis ojos marrones. No entiendo... ?por qué ahora son plateados?

  —M: No lo sé. Nunca había escuchado que los humanos pudieran cambiar su apariencia... Pensé que era tu color natural.

  Observé con detenimiento mi nueva apariencia. Aunque siempre había querido te?irme el cabello, definitivamente esto era algo inesperado. ?Qué fue lo que pasó? Por su parte, Manahu parecía casi tan confundido como yo... Tras un rato sin encontrar respuesta, abrochó la funda de su espada a su cintura y se colocó su abrigo —aunque ahora que lo veía mejor no era un abrigo... era una túnica.

  —M: Revisaré los da?os a la huerta.

  Lo seguí fuera de la caba?a... La luz del día me deslumbró. Tras unos segundos pude observar mejor el exterior... Enormes e interminables árboles de verde profundo se veían a donde quiera que volteara. Alrededor de la caba?a había un gran área despejada y una peque?a área de cultivos, la cual Manahu observaba detenidamente con molestia.

  —T: ?Dónde están los cuerpos?

  —M: ?Uh? Oh... se desintegran luego de un rato tras morir.

  —T: Y eso... ?pasa con todos los seres de este mundo?

  —M: Por supuesto que no. Son las únicas cosas que sé que les pasa eso.

  Dio un profundo suspiro.

  —M: Bueno, al menos los da?os son menores de lo que esperaba.

  —T: Lo siento...

  —M: Está bien, no fue tu culpa.

  Pese a sus palabras se notaba irritado. Luego de unos segundos se acercó al huerto y comenzó a curar a las plantas sobrevivientes. La mayoría estaban machacadas.

  —T: Oye, no van a volver... ?verdad?

  —M: Está bien. Levanté una barrera alrededor, así que mientras no hagamos algo que haga temblar el suelo no tendrían por qué escucharnos.

  —T: Pero entonces ?cómo fue que me escucharon ayer?

  —M: Pensé que sabrías que no había que hacer ruido. No creí necesario levantar una barrera.

  "Ya veo... la barrera también bloquea el paso del sonido, por eso no podía escuchar nada ayer... me pregunto si él mismo sabe por qué es que el soni..."

  pum

  Mientras caminaba golpeé mi rostro contra un muro invisible.

  —T: ?Auch! Supongo que la encontré...

  Al observar mejor pude ver cómo la luz parecía distorsionarse delante mío, como si de una burbuja gigante se tratara.

  —T: Wow, esto se siente... extra?o.

  Mis manos comenzaron a explorarla. Era raro: era la superficie más lisa que jamás haya sentido. Luego miré hacia arriba y lo vi... el cielo...

  —T: Oye... eso... es... ?la Luna?

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  —M: ?Luna? Oh, ?te refieres a Luna?

  —T: ?Eh? S... Si

  Era enorme: 3, no, quizás incluso 4 veces mayor que la Luna. Y no solo eso: también había una gran franja que cortaba el cielo... Manahu se acercó a mí mirando también hacia el cielo.

  —M: Pensé que habías dicho que también existe en tu mundo.

  —T: Bueno, sí, pero... no así de... grande... además... nosotros no tenemos un anillo...

  —M: Hmm... si te parece impresionante de día, espera a ver el cielo nocturno.

  Parecía que el mundo quería recordarme a cada instante que ya no estaba en el mío... Alejé los pensamientos tristes y, luego de unos minutos, estaba ayudando a Manahu a retirar las plantas que no habían sobrevivido.

  —T: Espera, estas plantas son iguales a las del huerto de mi abuelo. Esto... ?es maíz, no? También hay frijol, calabacín, eso de allá es chile y eso otro tomate...

  Observaba cada una de las plantas, sorprendida de que también existieran en este mundo. Aunque no debería: después de todo también hay humanos, aunque tengan los ojos dorados. ?Habrá más cosas similares?

  —M: ?Momento? ?También existen en tu mundo?

  —T: Bueno, sí. De hecho, son muy usados en el país del que vengo. Pero esta de aquí...

  Sostuve lo que parecía un huevo esférico de color rojo.

  —M: Es una dulcinigra. Ten, rómpela. El interior es delicioso.

  Me entregó una piedra y con ella rompí la cáscara... Desagradable: una sustancia negra como petróleo comenzó a brotar del interior. Olía a plátano podrido. Una ligera arcada se hizo presente.

  —T: ?Estás... seguro de que esto es comestible?

  —M: Créeme, sabe mejor de lo que huele. Pero si no lo quieres, solo dámelo.

  Observé el líquido negro chorrear, sostuve la respiración y di una tímida lamida...

  —T: Esto... sabe delicioso.

  Mis ojos se abrieron en sorpresa. No esperaba que algo que se veía y olía tan desagradable supiera tan bien. Antes de darme cuenta estaba succionando todo el contenido como si de un biberón se tratara. De vez en cuando podía sentir unos cuantos grumos. ?Serán las semillas?

  —M: Te lo dije. A los ni?os les fascina y, bueno, también a mí. Solo no comas demasiados o engordarás.

  Ignoré su comentario y, mientras continuaba succionando el contenido de aquel fruto, mi mirada se dirigió a otras 2 plantas desconocidas. Una era un arbusto; sus frutos parecían algún tipo de fruto del bosque, similar a una frambuesa pero de color amarillo. Las otras simplemente eran tallos gruesos con hojas; no parecía tener ningún fruto. ?Quizá algún tipo de planta aromática?

  —T: ?Qué son esas?

  —M: Esa es una aurilla. Las otras son cortubas.

  Se acercó a uno de los tallos secos y lo arrancó del suelo. En sus raíces había varias protuberancias, similares a papas pero más grotescas y marrones. Arrancó una y la arrojó hacia mí.

  —M: No la comas. Son tóxicas si no se asan antes.

  Se sentía... incómodo. Su cáscara se sentía como la piel de un animal. De manera casi instintiva me causó repulsión y la dejé caer al suelo mientras sentía un escalofrío recorrer mi cuerpo.

  —T: Ughh, espero que también sepa mejor de lo que se ve.

  —M: De hecho... lo comiste en el desayuno. ?Recuerdas?

  Hice memoria y me di cuenta: lo que parecía puré... ?era eso lo que había comido? Otro escalofrío recorrió mi cuerpo al recordar la sensación de su cáscara.

  —T: La próxima vez por favor dime qué es cada cosa.

  —M: ?Pero sabía bien, no? No te preocupes, la asé bien.

  —T: No es eso lo que me preocupa...

  La ma?ana continuó tranquila mientras continuábamos arreglando los da?os al campo y recolectando todo lo que se pudiera salvar... Eventualmente rompí el silencio.

  —T: Sé que... dijiste que no sabes cómo llegué aquí, pero... ?de verdad no tienes alguna idea de cómo puedo volver?

  Evité su mirada, pero la tristeza en mi voz era evidente. Pasaron unos segundos hasta que Manahu respondió.

  —M: Como te dije, los externos y la existencia de otras realidades son fantasía... o al menos eso pensaba. No conozco ninguna forma de que vuelvas. Lo siento.

  Sus palabras eran como dagas. Esperaba que al menos tuviera alguna idea. ?En serio? Incluso en un mundo con magia... ?es simplemente imposible?

  —T: Pero... si llegué aquí... ?debe haber una manera de volver, no? Si algo o alguien aquí me trajo, también puede devolverme. Solo debo encontrarlo.

  —M: ...?Cómo sabes que fue algo de este mundo y no del tuyo lo que te trajo aquí?

  —T: Porque hasta donde sé, en mi mundo eso es imposible.

  —M: Bueno, hasta donde sé, también en este.

  Eso... tiene sentido. En primer lugar, ?qué fue lo que me trajo aquí? ?Fue algo de mi mundo o de este? Pero si fue algo de mi mundo... ?era posible siquiera reproducirlo en este? Mi cuerpo se sintió ligero y mi mirada se posó sobre el suelo.

  —M: ...No te desanimes. No tengo todo el conocimiento del mundo, ?sabes? Puede que exista alguna manera, pero simplemente la desconozca.

  —T: Sí... puede que tengas razón.

  Hicimos una pausa del trabajo de campo, volvimos a comer y la tarde cayó sin que lo notara. Estábamos afuera. Manahu practicaba su magia mientras yo observaba. Todo tipo de formas de agua y hielo salían disparadas desde las palmas de sus manos y alrededor suyo. Ver cómo todo se materializaba desde la aparente nada y era acelerado hasta impactar contra su propia barrera era... difícil de creer...

  —T: Wow... ya lo había visto cuando me curaste y con la barrera, pero... la magia en realidad es asombrosa.

  —M: Uh... gracias, pero... ?en serio te impresiona esto más que lo demás? Quiero decir... poseer magia de espacio ya es en sí mismo raro, ?sabes? Y aún más crear barreras.

  —T: Bueno... no es como que tenga otra referencia.

  —M: ...Bien, tienes razón.

  —T: Y... ?puedes usar más tipos de magia?

  —M: ?Crees que soy un bufón para tu entretenimiento?

  —T: N... no, es solo que para alguien que solo conocía la magia como algo de fantasía, ver magia DE VERDAD es... bastante impresionante. Por favor.

  —M: suspiro Ugh, bueno... a decir verdad, ya viste la mayoría. Además de eso, obviamente puedo usar luz para refuerzo físico y... —hizo una pausa por un momento mientras sus ojos se entrecerraban— fuego.

  —T: ?Crees que pueda verlo?

  suspiro

  Se acercó a un árbol cercano. Su cuerpo comenzó a emitir un leve brillo, apenas perceptible bajo la luz del día. Apretó su pu?o y...

  pum

  Un agujero se formó en la corteza del árbol. La mano de Manahu comenzó a emitir un ligero brillo verde mientras la sacudía. Aunque no dijo nada, su rostro denotaba que le había dolido un poco. Me sacó un poco de mi sorpresa y dejé escapar una leve risa.

  —M: Podrás ver la magia de fuego después.

  —T: Oh, eh... bien.

  ?Qué problema había con mostrarla ahora? Supongo que es mejor no insistir.

  —T: Por cierto... ?crees que pueda intentarlo?

  —M: ?No se supone que en tu mundo no existe la magia? Para ser honesto, no creo que siquiera puedas usar maná.

  —T: Lo sé, pero... no puedes esperar a que lo vea y no quiera intentarlo. No perdemos nada.

  —M: Además de mi tiempo...

  —T: Bueno... no pareciera que tengas mucho que hacer.

  Lo dije sin intención de ofender. Sentí su mirada irritada, pero se limitó a entrar a la caba?a y poco después apareció con un bastón. Parecía incluso unos centímetros más alto que él. En la punta tenía un cristal naranja rodeado de plumas; el resto estaba hecho de madera. Manahu lo observó con detenimiento antes de sacudir su cabeza.

  —M: Primero vamos a ver si eres capaz de usar maná. Este bastón está especializado en magia de fuego y, en menor parte, tierra. Tiene inscrito un hechizo de fuego de nivel bajo. Infundir maná en él debería ser suficiente para activarlo.

  Apuntó el bastón hacia el frente y, tras lo que pareció un momento de vacilación, una esfera de fuego se formó delante de él y salió disparada impactando contra el árbol de antes.

  —M: El solo aprender a infundir maná puede tomar un poco de tiempo, así que no esperes mucho.

  Se acercó a mí y me entregó el bastón.

  —M: Sujétalo con cuidado. Ahora infundiré un poco de maná en tu cuerpo.

  Colocó su mano sobre mi espalda... Pude sentir "algo" entrando en mi cuerpo.

  —M: Bien, concéntrate. Trata de dirigir esta misma sensación hacia el bastón desde todo tu cuerpo.

  Cerré los ojos y respiré profundamente. Era similar a cuando me curó: se sentía cálido, pero al mismo tiempo era diferente... Luego apreté el bastón con fuerza y comencé a dirigir aquella calidez desde mis brazos hacia él. Tras un poco de espera...

  —T: Lo... lo hice...

  Mi corazón se aceleró, un cosquilleo subió por mi piel y una sonrisa se dibujó en mi rostro. En la punta del bastón había una peque?a llamarada danzando en el aire. Era apenas más grande que la de un mechero, pero estaba allí. ?MAGIA!

  —T: Sí... lo hice... puedo usar magia, ?puedo usar magia, jeje!

  Saltaba alegremente en mi lugar abrazando el bastón.

  —M: Oye, ten cuidado con el bastón. Además, eso no significa que puedas usar magia... solo que puedes usar maná... Aunque bueno, a decir verdad, ni siquiera esperaba que pudieras hacer eso.

  Su mirada parecía denotar auténtica sorpresa. La práctica continuó, pero en realidad... no hubo mucho progreso. No logré formar una esfera de fuego como Manahu, pero dijo que el solo hecho de haber podido infundir maná al primer intento ya era algo impresionante... Me encontraba acostada en la cama observando mi celular. Sin duda todo esto es maravilloso: un nuevo mundo, magia... pero... no es mi mundo, no es mi vida... Las lágrimas amenazaban con brotar nuevamente antes de ser interrumpida por Manahu.

  —M: Oye... ?recuerdas lo que te dije del cielo? Ven.

  Sequí mis ojos, lo seguí hacia afuera y miré el cielo... Puede que no lo notara la primera noche por el miedo, pero... justo como él había dicho... el cielo nocturno era... hermoso... Metl brillaba con fuerza, era MUCHO más brillante que la Luna. El anillo parecía un haz de luz gigante que cortaba el cielo, pero lo más impresionante era la lluvia de estrellas.

  —T: No tenemos un anillo. La Luna es más peque?a. También hay lluvias de estrellas, pero... nunca había visto una así.

  Interminables luces viajaban a través del cielo. Para alguien tan apasionada por lo espacial, aquel cielo nocturno era algo... hermoso. Solo pude quedarme maravillada ante aquel espectáculo. Me acosté en el suelo del bosque y por un momento intenté que mis miedos y preocupaciones se hicieran a un lado y solo dejarme llevar.

  —T: Otro mundo...

  En el pasado había fantaseado más de una vez con ir a otro mundo y ahora que de verdad estaba pasando... no sé en qué estaba pensando.

  El cielo era tan hermoso como aterrador. Más y más cosas me seguían demostrando que no estoy en mi mundo. Las lágrimas comenzaron a brotar en silencio y, quizá por el cansancio físico o emocional, sin darme cuenta caí dormida.

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